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Los Arapiles

    

     
      Mi madre regreso a casa diciendo:

- baja un rió por la calle.


- Ha estado haciendo demasiado calor; le conteste riendo.

Y al día siguiente estaba allí arriba, en ese alto donde el aire de pronto comenzó a moverse rabioso, buscando frenético cualquier abertura de la tierra, por donde entrar para salir pronunciando multitud de palabras, casi todas incomprensibles; de desesperación.

¿Que podemos hacer? ¿Hacia donde podemos ir? ¡Tenemos que salir de aquí! ¡Aguanta un poco más! ¡Escapar!

Vino entonces el aire silbando en remolino cerca del monolito que abrazó y produciendo mayor confusión. Es como si alguien se hubiera dejado una radio encendida de otra época, de otro tiempo. Las piernas entonces comenzaban a temblar y no era el mejor momento, pues una lluvia de balas que viene de todas direcciones y puede que el miedo ya se haya apoderado de nosotros. La fusileria, el cruce de sables, todo revuelto. Pesadas botas que con vigor todo lo aplasta.


Trato de calmarme, la emoción es muy fuerte.

 Allí esta mi bicicleta, que como un rocín de pura sangre aguarda a que me vaya. Tras Montar y a medida que voy bajando de la pequeña altura, el aire va desapareciendo en la vaguada y las atormentadas almas se callan.

Estoy perplejo, pues me he sentido, en medio de una batalla.

Ya en el Arapil chico mientras miro a esas hermosísimas aves que son los abejarucos, voy reflexionando. Sobre el horror de esa guerra y de todas las guerras.

Por un momento marcho paralelo a la vía del tren y no puedo evitar mirar a las aves, pues son bastante ruidosas. ¿De verdad que hay vencidos? ¿Que hay vencedores?

Creo que siempre habrá perdedores. Que en las guerras todos pierden.

Y es significativo que después de esta batalla, las coplas populares trataran al invasor con un poco más de humanidad, de respeto. Pues tanto horror, tanta crueldad, al final lleva a dignificar al hombre, como ser humano. Como cuando el dolor se convierte en placer y al revés.

 



 Con mucho amor. Para que todos podamos recordar; los actos heroicos que nos enseñan todo lo que no debemos repetir. Que todos somos iguales, y que como hermanos nos debemos de amar.