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ILUMINATIS

discurso

¡Ah! Que dulces fueron las horas.

¿No es acaso esta una nostalgia agradable?

De nuestra tierra preñada de sabrosa ilusión y mágicos sueños fuimos, en el caer de la tarde dorada y golosa. Lluvia de rayos cósmicos, en aquel resplandor de libertad, que era el correr del verano.

Los topillos horadan la tierra a los pies mullidos de esbeltas encinas; donde guardan celosos como cerberos, el tártaro secreto de sus túneles oscuros, de  manos infantiles y miradas rapaces, que sobrevuelan acechantes el silencio de las alturas, de nuestra alma vagabunda, donde Dios guarda nuestro recuerdo.

Son sus sonrisas horizontes de tiempo en este templo sagrado, donde viven inocentes al látigo de la noche, donde el cárabo reina invisible, con su voz grave y misteriosa en estrecha espesura. Y la estrella perro aúlla como un gran mastín, que regula las aguas en el estanque; donde miles de ojitos liban en  metamorfosis esta noche.

Justo allí donde los cielos de Oriente y occidente se unieron, fue que nacimos, crecimos y aprendimos que nada existe sin AMOR.

Así pues guardad vuestros buenos recuerdos como la mejor medicina, ellos os sanaran de todos los males. Y recordad que no vivimos para sufrir, si no para honrar y ser honrados en el gozo de ser AMADOS.

Y ahora cantar, reír y gozad guardando en vuestro recuerdo estos momentos de INMORTAL felicidad.

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