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Canfranc-estacion

 
 Claro que una vez que los castores se alejaron bastante; - Ya no los veíamos-  Marchamos montaña abajo, con mucho cuidado, porque yo aun tenia dolido mi pie del esguince que me hice cuando lo de la serpiente  y además había optado por caminar con un calzado abierto sin ninguna sujeción en el tobillo.


  En esta parte del camino hay algunas piedras, pero sin la menor dificultad, - si no estas lesionado como era mi caso-  he incluso tienen hechos algunos escalones en determinados lugares. Y nos encontramos como dijimos con las ruinas de aquel primerisimo hospital de la cristiandad. El de Santa Cristina. Pasamos las soledades de Candanchú que parece un ser extraño visto sin nieve. Luego cruzamos la carretera varias veces, andando por el valle abierto, siguiendo el curso del rió Aragón, que nos va mostrando a sus hermanos menores y las desenfiladas de sus hermosos y ocultos valles.


bajando desde somport entre pinos y abetos
   Nos topamos con un grupo de soldados, del destacamento de montaña de Rioseta. Parecía verse que organizaban las cordadas al lado de un Pegaso, llevaban un casco pequeño como el de los espeleólogos y se les podía ver mosquetones, arneses etc. Se trataba de escaladores planeando el ataque de una de aquellas imponentes paredes. Nando dijo que ya había alguno subiendo.
 

Dicen que va ha desaparecer este destacamento de montaña.


  Hay muchos vestigios militares diseminados por la zona, desde el alto pirineo, como el antiguo castillo de Candanchu; peaje aduanero allá por el siglo XIII. Fortalezas como la de Coll de ladrones o BUNKERS aquí y allá; hasta la bonita ciudadela de Jaca. Son de distintas épocas, algunas comenzadas a construir por orden Felipe II otras son muy anteriores y otras del siglo XX. Y la causa principal de su existencia  fueron  las guerras mantenidas con Francia.


  Uno de esos Bunkers, más abajo en el pueblo de Villanua esta rehabilitado para que las personas que pasen por allí en caso de mal tiempo puedan refugiarse e incluso pernoctar. Lo que ocurre es que no se donde esta, pues en el camimo yo no vi ninguna indicación. Así que si te pilla alguna inclemencia, que Dios te proteja.

arroyo tributario del rio Aragón

   Luego andamos un poquito entre pinos y abetos. A mi me hubiera gustado que fueran más, la verdad es que hecho mucho de menos los arboles. Veo muchas zonas sin ellos -peladas-, bien es verdad que son grandes alturas. Pero nada de eso; quiero ver más arboles.

 Saliendo del bosque por donde fui recogiendo pequeñas piñas, vimos a los Castores. Estaban abriendo una portezuela, que volvieron a cerrar del otro lado. No se que clase de instalación era esa pues había algún contenedor. Creo que pertenecían al complejo hotelero de Santa Cristina. Llegamos a la puerta y allí estaban  las instrucciones para entrar y salir del recinto. Mas adelante estaban los dos castores, que se habían parado y el castor mayor estaba sentado en un muro de piedra. Había una frondosa arboleda.

una parada en con las paredes rocosas de rioseta al fondo

    Nosotros teníamos idea de seguir adelante, pero al llegar a su altura. Nos saludaron y nos detubimos un momento - ¿Hola que tal?. El castor joven estaba de pie explayado de tanta naturaleza. - Vu, vu, vuestros amigos se han perdido lo mejor, repitió por quinta vez. No se de que hablaba el viejo castor, yo no lo entendía, y ni quería hacerlo; solo le oía hablar. Parecía quejarse por unas piedritas metidas en el calzado. El joven a su vez nos mostró su forma de llevar los calcetines, sobre las botas de montaña, de tal guisa que no se le colaban las diminutas piedrecillas. Un autentico castor atletico, de pelo negro y corte agustino, de pantalón corto y piernas bien fabricadas. Nando se quito la mochila no se para que. No es que hubiéramos andado mucho pero ya estábamos sudando, a la altura de Candanchú nos habíamos tenido que quitar los polos de manga larga, hacia muy buen día. Y no se por que Nando tuvo que parar. El caso es que aquellos castores nos caían simpáticos, nada más verlos a mi me entraba la risa. Y no es que quisiera vacilarlos como si de repente tuviera dieciséis años. No pero había algo en ellos que me parecía cómico. La velocidad expresiva del joven castor, le hacia algunas veces tartamudear y no solía mantener mucho tiempo su mirada enseguida se distraía, con las nubes,  los arboles, los pajaros, las flores; que se yo... Era una mirada fugaz pero profunda para a continuación suspirar; -¡Hay! es que me gusta mucho esto a mi. Lo decia por el paisaje. Por fin Nando arranco a decir; -Bueno pues nosotros vamos andando. Si si claro dijeron ellos; Nosotros vamos más despacio y cada uno debe de ir a su paso. Bueno pues a lo mejor nos vemos en Jaca,-volvió a decir Nando- y comenzo a andar. -¡Ah! Espera, tienes el bolsillo desabrochado- y antes de que me diera cuenta el viejo castor me estaba abrochando el bolsillo de atrás del pantalón. Tienes que tener cuidado, puedes perder la cartera. -Dijo. No se preocupe que la llevo bien y a mi no se me cae, -le dije. Pero el insistiendo me abrocho los dos botones del bolsillo y luego dijo: Espera te abrocho este también. Pero ese no hace falta, hay no llevo nada -dije. Total que me abrocho los dos y como un bendito quede; abrochado como Dios manda.

  No estábamos muy lejos de Canfranc-estación. Donde ayer pasamos noche en el hotel del loro, el que nos insultaba "urrr cabrón" al entrar. Habíamos llegado en un canfranero de la estación de Delicias. Si allí habíamos de encontrarnos todos; Nando, tres primitivas, un esquiador, el señor de la jungla y yo.