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Sin Tiempo que perder…

 
 
frank_kafka

No tengo tiempo que perder, se esfumo, se fue; sin remedio. Todas las veces. Siempre igual. Una sensación extraña. Que raro... Como si nada avanzara... Detenido. ¡Es mentira! ¡Todo es mentira!

Cada pez vivía dentro de una pecera sin aire, solitario, procurando o tal vez rezando para que no ocurriese ningún accidente, que le cortase la cola. Aquello lo llamaban burbuja, y claro la comunicación era nula, pues apenas podían respirar. Iban todo el día diciendo por ahí Glu, glu, glu y no se les entendía nada bien. Como todos los peces los había de mil colores y tamaños, que son pacíficos y agresivos, de altura y saltarines, o rastreros y abisales. Todos tenían su propio acuario y de una forma u otra defendían la territorialidad de aquellas aguas, que muy a menudo podían estar turbias, o no ser del todo claras. Pero se les veía bien en aquel claustrofóbico espacio, incluso parecían felices. De no ser así era porque pertenecían a aquellas otras especies que habitaban en las jaulas del Zoo.
No, no hoy ya no tenia mucho tiempo, y eso me producía un cierto enfado. Pues suponía muy grande la tarea a realizar y era frustrante cualquier tiempo perdido, con o sin motivo. Ya que las causas del tiempo perdido al final no importan, si no la tarea, y nada puede ser tan importante como para dejar pasar el tiempo sin sentido. Sin embargo pensaba que para mi era así, mientras contemplaba aquellos peces, dar vueltas y más vueltas en aquellas burbujas transparentes. ¿Que sentido tenia estar todo el día dando vueltas?
Entonces me pareció que mi cabeza era una de esas burbujas y que estaba llena de peces y que a la vez era una de esas fieras del zoo. Aquellos peces en realidad eran parte de mi, siempre lo habían sido y desde largo tiempo me dedicaba a cultivarlos como pensamientos en la imaginación en un océano de materia soñolienta y gris, que parecía haber abierto ahora su anciano y neurótico ojo dispuesto a estirarse y quitarse de encima una montaña de telarañas de siglos que le habían guardado, y al despertar con la nueva luz, donde las montañas se ven cubiertas de nieve a 100 Km en el mes de mayo, y los lirios retiran su manto. Había despertado con un gran apetito; Ñan, ñan. rico pescado.

Luego descubrí que en aquella cabeza no solo existía el jugoso pescado, si no que estaba llena de pájaros, alegres y divertidos pájaros. Y enseguida cruzo el aire una música encantadora que vistió el cielo de azul y de una brisa de cálida seda. El tiempo pasado ya no podía ser mejor ni peor, era una sustancia oscura y gris, un anciano de mil arrugas, era una magdalena untada en café que pringaba y escurría, en el gaznate de cualquier animal.
Había vuelto de un largo sueño, como murciélago cavernoso, Los pájaros no dejaban ahora de gritar en sus rasantes vuelos, golpeándome los tímpanos que como dardos lanzados en picados, traen a la mente los gritos alborotados, las mascaras y sus risas y sus farsas. Pobrecillos... Los bulliciosos niños de los recreos en las vacías calles, ¿Quien los ha traicionado?
No he venido para quedarme si no para ser al pasar. Y este es mi tiempo que no esperó ni se fue, ¡Pasó! Muy pronto paso. Como la guillotina cae en el pecado,
 

 

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