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Otra dimensión

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Los años ochenta. Esos dicen fueron años de movida. Para mi solo fueron años de juventud y adolescencia, con todo lo que ello implica. Cadenas con cascabeles, que arrastramos a diario pesada y ruidosamente. Espectro en el tiempo puertas a otras dimensiones. A veces hacemos o deshacemos cosas que no tienen sentido con nosotros o con el sentido de la vida y que son del todo deleznables. Recuerdo muchas de estas cosas que no guardan relación con la ética, la moral o el sentido común. Yo recuerdo toda esa época de caretas y disfraces de los años ochenta, como algo que empieza divertido, y que termina en un gran descontrol; “Los años del desvarió”. Donde muchos han desaparecido.

Como a todos supongamos que en todas las épocas habrá cosas que terminan por dejar huella. Para unos será la forma de vestir, el cine, los libros, las canciones, los amigos, amigas o noviazgos, -acontecimientos  que solo pasan una vez en la vida- frustraciones, temores, fobias, sueños […] envidias. Todo aprendizaje.  Para mi solo fue  descontrol, la sensación de vivir en un mundo que iba demasiado deprisa, como para tomar conciencia de lo que sucedía. Aquellos años sin embargo fueron construyendo nuestra naturalidad de ahora, nuestra forma de ser y estar. Esencia de una Personalidad que se nos muestra en ese yo del que ahora nos hemos de sentir al punto de encontrarnos identificados o irreconocibles. No existe aquí termino medio, la redención es solo causa del yo colectivo o individual. Y la culpabilidad nos invita ha visitar a diario ese tiempo cada vez mas lejano a la espera de encontrar un mundo mejor. Es tu destino amigo.

Y ese yo es como el de todo hijo de vecino, al que cualquier paria a ninguneado, manipulado o estafado, y al que robaron la palabra. Para poner otros cascabeles. Pero el tiempo los hace inútiles. No hay nada que se sostenga, sobre lo que no existe, o pertenece. Así el rey se queda sin súbditos, Y los esclavos sin dueño. La venganza es solo una flor de primavera, y el odio también... Con el tiempo solo queda espacio para la verdad. Y nada es de lo que Que no existe. Solo el efímero tiempo nos hace creer que el parasito se aferra a su victima, y que la venganza es un plato que se sirve fría. Mal vamos... Todo pasa y se sacude en un solo movimiento. El de la digestión. Entonces de buena educación será decir... Que aproveche!

Comprendo que cada uno tuviera sus alzas de miras y que quisiera lo mejor de si mismo, en aquella época me refiero. Pero es comprensible también que cada uno tuviera preocupaciones diferentes. Que la felicidad tiene muchas versiones, y al final la que cuenta siempre es la ultima, -Este blog se construye al fin y al cabo como se puede. Palabra a palabra, intermitente, esporádico, como en una antigua academia de caracolas rítmicas que se sumergen en esa lengua que no puede ser asentada sin entendimiento, cambiando, todo lo que haya que cambiar- hasta conseguir la versión, más sagaz, elocuente y divertida. Y ese soy yo, inmutable, receptivo… Aconfesional. Capaz o incapaz de cambiar todo sin por ello dejar de estar de acuerdo o en desacuerdo, con los ecos del tiempo.

Eco que retumba en la cueva del inconsciente.

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Estos años fueron un abismo desconocido, y nunca imagine que contenían; vivía en una  aborigene inercia de acontecimientos sin control, inexplicable, a veces pensada... ¡Páreseme de este mundo! ¡Aléjeseme de este caos!. Y el mundo me arrojaba vertiginoso con el peso de su historia hacia un futuro inmediatamente mas lejano y que también era inexplicable; que me arrastraba, llevaba, elevaba, retorcía, asfixiaba, hasta que me consumía y me devolvía a otro tiempo aun más lejano y mas desconocido. Lo cual ni era ni mejor ni peor, solo en la medida en que podía ser contado. Y eso era todo. Innegable, ya que cada cual tenia un tiempo contado y yo no era nadie para contar, si no  fuese este tiempo de ahora

en el que podía contar lo que me diese la gana… Que era lo que sentía.

No obstante… Aquel año sucedió algo. En esa plaza, donde las figuras de diablos desaparecían en la oscuridad del parque, misteriosamente, de sus enormes jardineras. Mientras la tuna universitaria, danzaba burlonamente en alguna plaza. Eran figuras de bronce de un carnero con rostro humano, de rasgos afilados representando a un demonio, una de esas raras figuras que veneran a satanás. Salamanca siempre fue un centro esotérico, de misterios y leyendas.

Un hombre misterioso se elevo en la escena de aquella oscuridad nocturna…  Y Con voz serena y clara, me hablo.

- ¿No te das cuenta de lo que haces?

Para empezar, mis padres se casaron en aquella iglesia del Carmen, al lado de la casa de doña Mª la brava, testimonio de los más recios bandos de la ciudad y nombre de la plaza. Sin aquella ceremonia absurda, yo no estaría, en aquel momento, en el que no contaría más que la palidez de la adolescencia cumplida, en un fotomatón y D.N.I. recién expedido. Todo lo que venia rodando por el tiempo. Aquel tiempo en que todo parecía normal. En un mundo feliz. En el que te enrolaban a la fuerza. Chaval la legión te llama: “La legión de los condenados”.

Pero antes ya había visto esa escultura parlanchina.

El sol elevándose a diario fue torrando la tierra. Todo giro y giro dando vueltas. Primero un verano y después los veranos se sucedieron. En aquel que los elevados aviones rasgaron los cielos claros de ese mar lejano, donde cantaban las fuentes y pacían los campos. Mi primera visión.

Luego las Noches vinieron sin días y las reses pacieron sin dueño, abandonadas en oscuro día. Yo también pacía y rumia. Huyendo del peligro carnívoro.

¡La carne viaja en vagones.! Yo no entiendo nada. Gritan histéricas las reses que van al matadero y sus ojos brillan en la oscuridad. No tienen carne. Resplandecen sus huesos radiografiados por la luna azul del verano. No muy lejos yacen las casas viejas que se derriten en la penumbra. Gritan y balan, corderos del matadero. La hierva se endurece y se secan las fuentes. La oscuridad cargada de electricidad, busca en el corazón solitario.

Todas las casas se han desvencijado, ya no vive nadie, todo sucumbe al olvido. Musgos, polvo y un capitán de 15 años. El enorme falo erecto en medio de aquel solar ruinoso es de un júpiter griego. Estatua de un David rubio y desnudo de ojos azules. Fue la primera vez que lo vi. 

Nos habían cortado el agua en el régimen franquista.

A veces sucedían esas cosas y la población estaba lo suficientemente aleccionada, y asumía las interrupciones con total naturalidad y era frecuente ver a personas trasegar con cantaros de vidrio y mimbre, o los cada vez más comunes garrafones de plástico, por las planicies soleadas, caminos polvorientos, dirección de las fuentes más cercanas o de su predilección. La fuente de uso publico, siempre fue en España una seña de identidad de sus pueblos, quizás legado del poder bereber. También eran comunes las interrupciones eléctricas. ¿quien no tenia un par de velas en su casa? Preparadas aunque solo fuese para aquellos días de tormenta, donde mocosos aterrorizados se arremolinan bajo las alas de su madre, al lado de la ventana, mirando pasar la tempestad. A La población se la educaba no ya en el ahorro de los suministros de energía y agua, sino en su carencia, en una España subdesarrollada, lastrada aun por una contienda incivil y el posterior bloqueo internacional. Ahora la crisis del petróleo.

  Nuestra fuente predilecta era una que había a la puerta de LEDESA “Central, Lechera de Salamanca”. Tenia un pilón y un pequeño grifo, para cerrar o abrir el paso del agua. Hacia el interior la fabrica, algunos setos y jardines, arriba un edificio para obreros, calcado al de donde yo vivía,  porque el dueño de la fabrica construyo unas 250 viviendas en el barrio vidal, parte de los planes de construcción de viviendas del estado en el que se consiguió construir una cifra cercana a los cuatro millones de casas, masivamente y de poca calidad. La barrera y la garita del guarda, que mata el tiempo con un periódico entre las manos y como puede, y a su lado una caseta blanca con un precioso pastor alemán en su interior, que con vigor sale y ladrando estira y tensa la enorme cadena que lo ata, se pone de manos… luego de abrir el grifo y ver fluir el agua hacia las garrafas vacías, el perro se calla, se calma, da media vuelta relamiéndose el hocico y se tumba resoplando junto a la caseta, mirando por debajo. 

Hasta allí íbamos con un carretillo de mano que nos ayudaba a transportar el preciado liquido.

Cruzando la carretera estaban las casas de adobe a medio caer, que el sol la lluvia y el viento se encargaba de ir derritiendo. Y en aquel solar de escombros el rubio griego desnudo, con su falo erguido como estaca de bares. Un pene reluciente y musculoso. Al acercarnos la estatua animada; Figura de fabulosa precisión. Poético… Jamás podría describir tal perfección. –Acercaos- No tengáis miedo, dijo. Nosotros permanecimos juntos, a una distancia prudente, solo observando aquella estatua viva y palpitante. Su rostro era alegre, sus ojos azules tenían tal templanza, que no trasmitían otra cosa que calma. Todo el era un ser misterioso.

Muchas personas suelen generar confusión, y yo soy reflexivo. Lo tengo claro. los puntos van sobre las ies y si me hablas en ingles… te jodes como Herodes. Porque te hablare en cantones. Indie 1990.

Yo me encogí de hombros, porque no entendía y me daba miedo. Mi hermano se movió y avanzo. Aquella belleza solo descrita en la antigüedad volvió hablar- Acércate no pasa nada, no tengas miedo, acércate y tócala-. Mi hermano estiro la mano y valientemente toco el instrumento. La cara de la estatua permaneció impasible, ni una sola mueca, todo en el era natural. Mi hermano retiro la mano como si una corriente eléctrica le hubiera dado. Hubo silencio… No existía nada solo silencio y soledad en mitad del desolado cielo azul, nada se atrevía a cruzar aquella majestad. Esta vez su sonrisa nos empequeñeció. Sus pantalones vaqueros se justaron a su cuerpo y un pequeño suéter se deslizo cubriendo su pecho imberbe y tostado, desapareciendo en la tormenta solar. Jamás podre olvidar que en aquel pequeño valle, de prados, de casas y de fuente. “La fuente del cántaro”. Vi la perfección del hombre. La adorable perfección.

Alguna vez le pregunte a mi hermano si se acordaba de esto, y me respondía; Que si un tío empalmado?… Sin darle importancia. La vida pasa… No debemos de darle importancia. Siempre nos acordamos.

La persona de la fuente de los bandos era la misma, esta vez vestido de mendigo. Un griego de ojos azules, piadoso y lleno de bondad, de tanta bondad que paralizo mi corazón, detuvo mi respiración y me hizo recapacitar. hombre_enfadadoTodo después de pegar unos mamporros a un negro, que vendía baratijas. Aquel negro era una persona indefensa en un mundo desconocido. Yo abuse de el.

¿No ves lo que haces? –hablo la estatua- ¿No sabes que tus acciones cambian el mundo? Agache mi cabeza avergonzado y cuando la alce, la espesura de la noche, ya se había tragado la aparición.

Solo hacia unos días atrás, cuando regresamos de aquella movida, de desvaríos, nos topamos con un hombre, mayor, descuidado. Que vivía en las escaleras de un bar. Nos detuvimos frente a el. Y comenzamos a decirle cosas horribles. Sin ningún respeto, lo avasallamos, insultamos, después una lluvia de escupitajos, risas, pis y  risas diabólicas, mezclada con alguna patada. Lo ultimo era prenderle fuego. No recuerdo a nadie cuerdo. Pero dejamos aquel combustible ardiese, libremente.

Me fui a casa sin nunca dejar de pensar en aquellos sucesos y desde entonces fui dejando mi mejilla a voluntad divina. Hasta resarcir todos los daños que pudiera haber causado. Ahora por fin me sentía en paz. La aversión había desaparecido. Y me sentía más libre. Mas capaz. Porque yo no era ese macarra al que muchos creían conocer.

Por fin. La historia iba a cambiar.  

 
 
la casa rosa