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Scarbrough

 
scarbrough

 Me quede mirando la luz por un momento... Días, semanas... No lo se.
Era una luz clara, opaca, resplandeciente, que al parecer siempre había estado ahí.

Las olas venían con su vasto manto a derramarse a una frágil orilla de pacifica arena y los acantilados más atrevidos pronunciaban viejas palabras, llenas de historias que los pescadores apenas recuerdan. Conquistadores y devastación de invasores, cataclismos y eternas tormentas, héroes y bestias. Los molinos dan vueltas y enanos pollinos pasean a los visitantes que se arriman a esta orillita de mar raído de lodo y fango al continente.

Quise sollozar a ese aire lejano del terrible error, del temor, de mi gran amor. Murmure cauto al gris océano desde lo alto del verde y sagrado Albión; para que se escuchara el alma, tranquilo; tras aquel haz de luz clara, opaca, resplandeciente. Y los muchachos bajaron a la playa, enfundados en neopreno y se subieron a las olas, y la música se  encendió como en una gran caracola en el salón donde los viejos agarraditos se  divierten y los muchachos consiguen cigarros.  Fuera paran autobuses turísticos para la gran postal.

Era un sentimiento que había de pronunciarse con palabras sagradas, de acero que no se pueden romper. Labradas a fuego. Una a una en la vieja fabrica del santo Vulcano. Desde lo alto de este ruinoso castillo, donde mis mejillas explotan y de mis ojos saltan chispas, por todo lo que pude y no hice y por lo que permitiera hacer y causar dolor. La furia nocturna de esta soledad en la vieja casa de madera, del ultimo verano, abandonada como embarcación zozobrosa, testigo de mil naufragios. Las pisadas que resuenan cercanas y mis andrajosas ropas apenas ya dan calor. Esta noche puede que me devore este mar de dudas, que el frenético cielo aun se detenga un momento para contemplar la estrella que lo cruce y cuando todo ocurra ya me he de encontrar libre, tras todas aquellas suaves colinas y funiculares parados, donde jóvenes vírgenes fueron preñadas y ahora meriendan en sus sillas plegables al amparo de toda ley. Los muchachos sin embargo seguirán perdidos arriba y abajo, buscando como divertirse… atracando un kiosco o rescatando la ultima bicicleta robada que yace en fondo del rio, donde los cervatillos corren libres y los ancianos ya acostumbrados solo se preocupan de sus mascotas. Mas veces ha dado vueltas esa noria en el parque de atracciones, refugio de su puerto oculto y picoteado por grandes y descaradas gaviotas. Allí da vueltas la ruleta de la suerte, juega y puede que te toque, el camino de la carretera es demasiado largo.
 
Un momento donde sentirse solo. ¡Por fin solo!


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