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Feliz 2014

 

 

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Feliz Navidad

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Como cada año por estas fechas, decidimos compartir  nuestros mejores deseos con el resto del mundo. Realmente a mi me da mucha pena que ISON se desintegrara al acercarse al sol, porque pensaba que este era un acontecimiento único, que llenaría de esperanza al mundo, de un ciclo que se había repetido durante miles de millones de años. Ahora acaba de terminar y de lo que estoy seguro es que veremos caer sus pedacitos como los confetis de vuestras celebraciones, y cada uno de esos pedacitos tendrá una nueva esperanza que ilumine cada corazón abierto, un bálsamo que cure tristezas, la medicina del AMOR que cicatrice todas las heridas.

Todos somos como estrellas fijas y errantes, en un continuo alejarse y precipitarse. Cada una con su propia luz e intensidad, que las hacen diferentes y únicas a las demás. Algunas nos acompañan de por vida sin apenas percatarnos de lo vertiginoso de su velocidad, la mayoría se queda por el camino y otras desaparecen justo antes de darnos cuenta de que existían.

Como estos días que nos cruzamos  con personas que hace 30 años no veíamos, y paramos un momento, nos acercamos y nos estrechan sus manos, nos abrazan, o nos besan; porque dicen que están felices de encontrarnos -vernos tan bien, calvos, viejos y mutilados, en realidad no existe la edad- y se alegran de saber de nosotros. Yo también digo, y al final nos despedimos y continuamos cada uno su camino. Aunque no se muy bien el motivo por un momento estamos unidos y predispuestos a estrechar lazos a consentir un poquito más, a compartir, a perdonar o mostrarnos mas compresivos, parecemos más felices, y tenemos muchas más palabras amables. A mi no me importa mucho el que o el porque, y si solo sea obra de la magia de la navidad, o de una estrella fugaz que cruza efímera y que cae en pedacitos del cielo como regalo a nuestras vidas, a nuestros sueños, ilusiones. Como la verdadera muestra de nuestra existencia en la que poder soñar con navidades negras, de mulatos, de blancos, de cumbias o de rastafaris o de la
psicodélica utopía del AMOR  energía que como plasmafera todo rodea. ¿Pero que iones digo yo?

Que tengo mucha ilusión por caminar en este nuevo mundo, junto a mi familia, amigos, vecinos, conocidos y todas las personas que vienen, se acercan y se unen a esta marcha que hemos emprendido los humanos cazadores y recolectores para compartir con AMOR esta nueva luz de ESPERANZA.

 


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SAN SILVESTRE

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Como viene siendo habitual  por estas fechas, con la celebración de carreras populares en toda la provincia Salmantina, y rincones de España se despide el año. Hay que decir que cada vez son más numerosas y de más alta participación, y también mejor organizadas. Las hay que otorgan sustanciales premios o solidarias como la de este fin de semana en Villamayor “la  carrera del turrón” donde los participantes entregaron de forma voluntaria alimentos no perecederos, llenando un remolque  que se dono al banco de alimentos. Este cartel de la San Silvestre Salmantina ha tenido un premio de 2.000 € Lo que no esta nada mal, comparándolo con el primer premio del ganador de la carrera, aunque para la mayoría es algo secundario, el objetivo más bien es pasar una mañana agradable, ejercitándose en buena compañía. En el enlace de abajo podéis ver toda la información de la carrera, sus normas, palmares etc... Por si queréis despedir este con una San Silvestre.

  WEB OFICIAL

 
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Mapa mental

¿En que momento se toma conciencia de si mismo y del mundo en que se vive? 


comillas_abrir Me temo que estas sean preguntas con más 7.000 millones de respuestas más la parte proporcional que corresponda a aquellos que viven en otros mundos, más los que se ausenten en otras épocas
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En realidad existe y abunda el egoísmo a gran escala. No podemos fiarnos de quien  proporciona GRATUIDAD a la ligera, porque a la ligera habrá querido  realizar la compra de nuestro alma. Allá os veo comulgar en grandes filas, unos tras otros con cara de corderos camino del matadero en días festivos. Yo nunca me levanto, porque mi alma no es pura. Espero y rezo porque un día se me permita en arrepentimiento de todos mis males. Se que algunos siguen pensando que soy negativo pensando así. Y les doy la razón. Aunque me gustaría que se hicieran la pregunta: ¿Que hacen cuando ven a alguien sucio? ¿Lo llaman guarro sin Más? ¿No se hacen la pregunta del Porque? ¿Porque y cual es la causa de esa situación?  He visto a muchos marchar y volver la espalda en horas bajas, y no me sorprende. Tampoco importa esa causa si no existe motivación y compromiso, a la lealtad de seguir soñando, de compartir un sueño. Son miles los errores que he cometido, lo se, estoy vacunado contra esos males, porque continuaré confiando en todo el mundo. El proceso llega a su fin cuando se descubre el AMOR y el DESAMOR. El  enamorarse nos da alas, y nos elevan a las cumbres mas altas y brillantes, desde donde vemos los más bellos jardines colgantes de la antigüedad escrita, y bajo  preciosos arcos de colores vamos pasando estas primaveras triunfales. Y luego el desenamorarse  nos libera de toda fantasía, de toda ilusión y de ese sueño que estabas  compartiendo, que con dolor profundo nos purifica y limpia el interior, donde nace individualmente creo ese nuestro yo de ahora. Que a veces saldrá avinagrado de aquel horno, huraño, desconfiado…  Un Golum de estrechos laberintos oscuros y tenebrosos. Y otras renacerá de entre las cenizas un ser más luminoso, comprensivo, pacifico, amable y fuerte muy fuerte, donde la vileza a sucumbido. Por eso cuando alguien se retuerce de dolor y me dice que la vida es una mierda, Yo veo un nuevo planeta... Otro mundo. Y digo que merece la pena enamorarse de nuevo, y que me enamoraría de la misma persona una y mil veces. Espero que vosotros tengáis la misma suerte.  Hala tirar millas…


comillas_abrirDifícil saberlo para aquellos cooperantes de empresas ajenas. Ya que el asunto al que nos referimos es lo que llamamos como: Resolver nuestra situación.comillas_CERRAR

pirata
 
 
 
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Ison

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Estimados amigos espero que este año ya a su desembocadura os este siendo bonito y provechoso. Que al fin os estén saliendo las cosas estupendamente, como siempre quisisteis y soñasteis que fueran y a mi me gustaría que fueren.

Ojala que podamos ver ese cometa que esta pasando en buenas compañías y que estando pasando todos viéramos en un momento cumplidos nuestros mejores deseos. Ojala que este cometa no se desintegre. Que en las postrimerías de nuestra Navidad, trajese una nueva esperanza al mundo. Su luz fuese celebrada con mucha alegría, como si fuera una tarta de cumpleaños, 2013-2014 aniversario. Antorcha de superación humana. Del nacimiento de un ser divino. Del final de todos los conflictos. El inicio de un mundo mejor.

Cuelgo este calendario que he encontrado.
Porque dicen que regalar un calendario es una invitación a vivir un año más.

Yo os deseo mucho AMOR y mucha felicidad.


2014

Haz Clic sobre la imagen y descárgate este calendario en PDF

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On the way scarborough (IV)

On the way scarborough (IV)

Después de aquella distracción turística, andaba yo por el centro de York olisqueando un lugar. Había un puesto ambulante donde vendían pescado rebozado y patatas fritas, me acerque y estire mi mano con unas monedas, pero como no tenía suficiente dinero el señor me puso las patatas solas sin decir palabra, con un montón de mayonesa pringosa. Luego fui por ahí relamiendo el cucurucho de papel pequeño y salado. Habiendo terminado de chuparme los dedos, pregunte a un hombre que pasaba rápido subido en unos zapatos del 54, negros, brillantes, con paso amplio y firme, que donde podía sacar dinero con la tarjeta de crédito que guardaba para emergencias; ya que esta parecía haber llegado antes de lo que hubiera imaginado. El hombre en cuanto oyó “please” paro en seco. Era alto y enérgico, tenía poco pelo y su nariz era la de una gran águila, vestía traje marrón “caqui”. Sin perder un instante me arrastro hasta la calle de atrás donde estaba la puerta trasera de un restaurante italiano a la que llamo. Allí estaban los contenedores de basura y las paredes parecían hollín. Salió un chico atento, era joven, rubio y delgado, parecía jadear en su delantal de cocina, síntoma de que estaba en plena faena, del interior se oía el retintineo de vasos y cubiertos como en el interior de una sacristía. El hombre le explico apuntando hacia mí que tenía un problema con una tarjeta de crédito para ver si podía entenderme y me dijera que tenía que hacer. Yo tan solo estaba allí a un metro escaso más atrás quieto, sin decir nada, con una rodilla saliendo a tomar el aire por un roto del pantalón. La verdad es que aunque el chaval hacia todo lo posible, poniendo todo su empeño para indicarme, yo no entendía gran cosa. El señor lo miraba fijamente y yo atontado. Al final el chaval resoplo haciendo un rebujón el mandil que arrojo a un lado y fue acompañarme hasta la puerta del banco donde había un cajero, no paraba de hablar todo el rato en Italiano, lo hacia tan aprisa que no sabia lo que decía.

¿Porque no hablaran castellano con lo fácil que es?

El cajero donde podía funcionar el sistema 6000 era Abbey y en la sucursal aparecían logotipos afines a la tarjeta. El muchacho me hizo un par de indicaciones, más no se en que idioma esta vez, “esperanto”. Creí entender que aquel banco cobraba menos comisiones que otros por sacar dinero. Luego se despidió y desapareció rápidamente. Yo imagine que por la noche cenarían muchas personas en el restaurante y que todos estarían felices. Me gustaba la idea de ver a muchas personas felices.

Utilice la tarjeta en el idioma castellano, saque unas cuantas libras y me fui.

La tarde se iba apagando y yo no se en que pensaba. Era difícil saberlo porque era alguien perdido, sin motivación alguna, tenía cero objetivos, era alguien capaz de rodar sin sentido y parar solo donde el azar me dejara. Una persona se estiro y me dio un panfleto. Ponía: “the live jazz” viernes sábados y domingos noches a partir de las 8:00h. Aquel lugar estaba en parlament street, y estaba al lado.

Fui a recoger la mochila.

Desande lo andado y cruce los mismos puentes, los salvavidas del rió estaban sin necesidad de náufragos y el parque continuaba solitario y los patitos debían haber decidido seguir viviendo allí, porque continuaban dando vueltas al estanque como en un carrusel pequeño para niños. Algunas ventanas de los edificios colindantes miraban al interior del parque, como el paisajismo natural de un sanatorio mental, pero nadie se asomaba, en realidad todo parecía vació, como si los locos hubieran desaparecido, el único que quedaba suelto era yo. La tapia bien construida, de ladrillo rojo, maciza, setos verdes y aislados árboles. Todo verde, ocre, o gris, los marcos de las ventanas blancos, pero este día el cielo era azul.

Camine hacia los arbustos.

Antes de terminar de acercarme vi que no todo estaba igual que lo deje, que habían arrancado cosas de la mochila, y se mantenían dispersas, la red mimetizada hecha jirones, bolsas blancas asomando. ¡Me asuste! Tenia mi cámara réflex allí, una kr10m de RICOH y como loco fui a su encuentro. Efectivamente la cámara estaba en su sitio; No era comestible. La bolsa donde tenia la longaniza había sido estirada hasta rasgarse, supongo que ese olor debe de ser muy fuerte para una alimaña de rapiña, y me acorde de Roger y de sus ojos penetrantes, mientras nos convidamos. Recogí todo y di gracias por conservar mi cámara fotográfica. La verdad es que había tenido  mucha suerte. 

Regrese al centro por la misma orilla del rió.

Me acerque al remolque de los pescaditos y compre un completo. Era merluza, el señor del remolque parecía amable y el pescado insípido. Allí mismo cayeron los últimos rayos de un sol prófugo y huidizo, espíritu que tras de si deja un haz dorado como única garantía de haber hecho presencia en aquel lugar profético y templado. Una especie de suerte. Al fin y al cabo todo era eso… SUERTE.

Un hombre al que no veía la cara se acerco al kiosco de los pescados; Lugar que era lo más parecido que había visto a una churrería humeante, de las que ya quedan pocas en Salamanca y en plena calle. El hombre me pregunto que si tenia donde pasar la noche. Le dije que no. Yo vi en la voz de aquel señor, a alguien noble. Una persona humana que ve las carencias de otros y que otros muchos no ven o dejan pasar. El era de esa especie que tratan de ayudar a los demás. Era de aquel antiguo clan de la especie humana con corazón altruista y solidario.

No era aquel que envía juguetes a lugares remotos por navidad, ni deja paquetes de ropa a desconocidos, alimentos o medicamentos a través de asociaciones no lucrativas, dinero en talones o donativos que desaparecen en la otra punta del globo, y al final reaparecen en una bala que silba con su mortal veneno de la boca de un fusil.

No eso son las llamadas acciones humanitarias.

Es decir que en desastres, daños o violencias que producidas por injusticia, guerras, plagas y pandemias, cataclismos ambientales, ya sean naturales o tecnológicos. Causas todas para las que son y deben de ser de los estados las mayores obligaciones en auxilio, en colaboración y apoyo de damnificados de toda índole.

No me refería a eso cuando dije lo de la solidaridad, y altruismo de aquel hombre. Palabras que durante décadas han sido utilizadas eufemísticamente para calentar culos cómodamente en poltronas engrasadas y tapizadas de subvención U.E. de listos o simpáticos payasetes con capacidad o habilidad de redactar proyectos, para jubilados, lisiados, colectivos vulnerables... Haciendo gracia y eco en los medios de comunicación. Así obteniendo ventaja de la desgracia de otros, especializándose en ir dejando recursos por el camino, con cruces rojas, o manos que se unen para evangelizar a corazones bondadosos, sensibilizando a aquellos que con tanta generosidad comparten lo poco que tienen, que su mejor voluntad es la de un mundo justo y pacifico. Conviene diferenciar solidaridad. 

Me refiero a que este hombre siendo vecino, amigo, compañero, paisano, conocido o desconocido y oriundo de un lugar concreto, trata de ayudar y mejorar ese entorno suyo cercano del que pertenece y forma parte.

Son aquellos que han sanado nuestras heridas aun cuando estas fuesen bien merecidas, aquellos que cuidaron a enfermos y hambrientos y que a rastras a lo largo de muchos siglos y caminos tortuosos habían logrado traernos sanos y salvos hasta este momento, vivos al fin y gracias, nos devolvían la vista y los otros sentidos, porque dejamos de estar muertos para escuchar y contar nuestra propia historia, para decidir que hacer con nuestra vida. Para creer en Dios, sin otra fuerza que la de nuestro propio esfuerzo para enmendar errores.

Estas personas desde luego merecían ser felices de verdad.

Ya empezaba hacer fresco, pero no sentía frió con aquella pesada e incomoda chupa de cuero que llevaba encima, mientras masticaba el estoposo rebozado, aun sin saber que hacer ¿A dónde ir? Y yo no se porque, pero a veces entendía ingles, o es acaso que me lo imaginaba. La noche bajaría por debajo de los cero grados y mi única idea estaba en volver a saltar otra vez la valla del parque o construir un refugio de fortuna en un pasaje donde había visto un montón de cajas grandes de cartones, al fin y al cabo estaba invadiendo la Gran Bretaña como buen español después de muchos siglos.

Creo que el hombre tenía la sanísima intención de haberme recogido en algún lugar de su propiedad. Un momento titubee porque no sabia donde ir. Lo cual no dejó duda del hecho de que estaba allí porque quería, y aunque me comería aquel carromato de pescado rebozado, pensé en una batería de buenos modales y atenciones que no buscaba, lo que supondría pasar la noche en blanco entre sabanas limpias y perfumadas. Y no estaba allí para semejantes idioteces. Había venido buscando otros objetivos, buscando a mi mejor amigo que era yo, y estaba allí en algún lugar… perdido. Sobre todo aunque agradecido era, porque venia del sur, y no precisamente del cálido sur de los poetas y eso quiere decir muchas noches bajo las estrellas. Era de un sur solitario, el del ultimo lobo, del cárabo danzante, huidizo, de grandes lunas y claros en los bosques, de soles lejanos y abrasadores, de aquel Marzo cambiante y del Abril que hace zozobrar a las ultimas criaturas del cielo, de tempestuosos aires que golpean las rocas en días en que las galernas se adentran a tierra para bendecir nuestros suelos yelmos y renacer de vida y esperanza, Agosto con lagrimas en la frente de un san Lorenzo quemado por el fuego de estrellas infantiles, rapaces hambrientos, o cuando ya refresque el rostro y casi desnudo en la cima más alta y no tenga más miseria que los huesos caídos en batalla, y aun en septiembre, sin limites, sin ferias de paletos, hipócritas, solo aventura y todos los meses oscuros de vientos helados, de fines de semana en extensas estepas de latente vació, blancas y puras, con rachas de hielo ungiendo las barbas del rey de las cumbres de mi Extremadura Leonesa, donde resiste una nación de héroes y perdedores.

Por eso enseguida le quite hierro al asunto y le dije al señor que podía pagarme una pensión, y el buen hombre me indico un “hotel young” muy barato donde alojarme. Me dio un tríptico con toda la información. Lo hizo con un gesto constreñido, lo cual no dejaba de sorprenderme. Porque aquel hombre no dejaba de mirarme con mucha lastima. Christi le oí balbucear.

Recapitule un momento cada hora como hago ahora y así llegue a una conclusión. Era la luz del carromato la que no me dejaba ver al hombre que hablaba, aparecía y desaparecía detrás del humo y vapores de los grandes fuegos y sartenes de freír pescado. Aquella tarde en mi errar por las vías y avenidas vi desfilar a una comitiva de hombres ataviados con capas rojas y azules poco apasionados, rígidos y con pelucas postizas, y uno de ellos con el traje de época a la cabeza, parecía portar una especie de cetro con forma de bolo, iban flaqueados por la policía local a caballo, mientras otros Bobbis se encargaban de darles preferencia al tráfico, todo el grupo no pasaría del medio centenar, parecían muy distinguidos. Aquello me sugirió que seria el sinónimo de nuestras procesiones religiosas, ¡Claro! ¡Estamos en semana santa! ¡Eso era!… Y enseguida lo entendí. Aquel hombre no era más que un buen cristiano, lo cual me emociono, porque su intención no era más que la de hacer una buena obra de caridad y de buena gana hubiera aceptado, solo por la salud de su alma. Y la rechace, pero no sin saber de las personas buenas que predican con el ejemplo como es característica del anglicanismo y no ya solo con la palabra o el pensamiento. El hombre actuó de su voluntad. Repitió varias veces la palabra Christi, supongo que estaría al corriente de cualquier parte meteorológico que yo desconociera no lo se, porque lo vi muy preocupado. El caso es que me trajo a la memoria a una persona que habitó en la “ciudad Jardín” una pequeña barriada de Salamanca.

Aquella persona era un pastor anglicano al que periódicamente llevaba pilas de libros de títulos piadosos o contemplativos, el que astutamente regateaba su precio y al que yo no hacia mucha resistencia, ya fuera por la gran cantidad de literatura religiosa que me compraba, o pensando en el esfuerzo que tendría que hacer para leer tal cantidad de libros que nadie lee. Y esto fue precisamente antes de convertirse en Obispo de la iglesia Anglicana de España, me refiero a Carlos Lozano, que por aquellos días dirigía sus sermones a las puertas del rió, con el puente, el verraco y el lazarillo como testigos, de aquel paso de peregrinos o trozo de historia. Me refiero a la bonita iglesia de Santiago, única de estilo Mozárabe de la ciudad del Tormes. A veces fui a sus celebraciones, y comprobaba que era cierto eso que decían de que era una comunidad de creyentes mucho más participativa, que la anticuada, opaca, autoritaria iglesia católica y romana. Me gustaba escuchar y observar. Desde luego se pasaban todo el rato cantando y aunque me parecían simpáticos y divertidos, yo carecía de aquella fe. Ahora Carlos vive en Madrid y como digo es quien dirige esta iglesia anglicana de España y me alegro por el. Le felicito sobre todo por la cantidad de libros que tuvo que leer. Aun guardo alguno pero estos ya no tienen precio.

Di las gracias a aquel cristiano y me aleje.

La calle ahora esta desierta y le da apariencia de amplitud, además de limpia. El airecillo circula fresco como ciudadano invisible y primigenio que encabezando la procesión anuncia una noche helada. Para todos es igual, menos para aquellas chicas que cruzan de un lado a otro por los puentes de la ciudad sin importarles el viento frió de la verdad, que veo recorrer en sus espaldas blancas y desnudas, grandes escotes en trajes de fiesta; tacones que rumorean esa agitación adolescente y decidida, maquillajes, carmines, despliegue de melenas o recogidos, glamour en la ciudad, luego el hundimiento en la oscuridad, las barcazas solitarias y las hiervas de los gatos. Esquizofrénicos felinos de sus bailes amorosos.

Solo veo el tiempo pasar y ya no estoy aquí.

Me acerque como mosca a la luz a un bar llamado “The keys” Todos los bares, tabernas cervecerías y pubs están exquisitamente decorados. Casi todos eran ambientes rústicos, con madera abundante y lámparas como criselefantinas brillantes, estos lugares sin duda están hechos pensando en el descanso, la relajación y la distracción en una entretenida conversación agarrado a un tanke de cerveza rebosante tras la jornada de trabajo del currante que calza un 44 y aun lleva polvo encima de su traje de trabajo; Ropa vieja, guantes y un casco, como si en north yorkshire jamás se hubiera trabajado en negros sótanos, los oscuros pozos de la industrialización. La hora de fichar en las parroquias es tras la pausa a medio día o antes de regresar a casa ya por la tarde.

Por la noche la música es tranquila y nadie baila, aunque permanecen juntos. Hablan por los codos y se produce un murmullo que produce tal confusión cacofónica al mezclarse con la música, que da ganas de beber rápido y salir corriendo.

Estuve allí hasta que dentro de la barra el camarero alto y moreno, comenzó a bambolear exageradamente una campana. Era como el sonido de una vaca Suiza a la que le estuvieran acribillando una nube de tábanos asesinos en la saturación de un prado a mediodía. En realidad era una llamada. El toque de queda. Como la vieja de las ánimas Albercana que nos invitara a tener felices sueños, para que nos guardemos en nuestras casas en plegaria u oración. Allí ya no se sirve más, la gente enseguida empezó a salir, y pronto el local quedo vació. Las gentes se fueron cada uno por su lado, yo recordé la dirección del panfleto.

Fui hacia allí… Camine por calles vacías de adoquín.

Era una puerta pequeña y estrecha como todo buen local de jazz, y había que bajar unas escaleras. Apenas había gente, unas cinco o seis personas a un lado del bar, el resto vació. Y en el hueco casi de la escalera había una pequeña barra donde el camarero se afanaba ágil en su soledad, en un ejercicio inútil el de hacer siempre lo mismo, repasando una y otra vez la barra de madera que brillaba como un anuncio de televisión, siempre levantando el mismo cenicero, enrollando y desenrollando el trapo del mismo modo. La música sonaba suave y la luz era ambiental. Pedí una cerveza. El camarero me dijo que cual quería si lager u otra y a mi me dio igual, pedí cualquiera, repitiendo sus mismas palabras y listo. Aquello estaba muerto, pero era cómodo para pasar el rato haciendo una mínima consumación, e incluso barato para protegerse del frió que se estaba levantando. Agache la cabeza hacia el gran vaso de cerveza que tenia tres dedos de espuma y me hundí en mis pensamientos mientras observaba como la espuma iba desapareciendo haciendo pop, pop, cada burbuja. Al otro lado estaba el único grupo de amigos que había en el bar, jugaban al billar y de vez en cuando miraba hacia allí atraído por el sonido de las carambolas. La verdad se les veía muy entretenidos; una mujer me penetro con una mirada que me fulminó, el camarero seguía con su absurdo ritual, lo que me apeno bastante. Este bar era muy cómodo y a mi me estaban entrando ganas de dormir. Volví a mirar al lado del billar y de repente ¡Zas! Esta vez la mujer se alzo su vestido enseñando unas hermosas y largas nalgas apretadas en unas finas bragas negras, que dibujaron redondeces de cuadrado mágico, proporciones precisas y sugerentes formas que hubieran inspirado a botero. La mujer reía de oreja a oreja y yo volví a hundir la vista en la rubia de al lado, la cerveza que estaba acabando.

Mi poca energía contrastaba con la actividad del camarero, le pedí otra y me quede dormido como pez en un mar de dudas, con la vista en un pequeño cuadro de esmalte, donde unos galgos perseguían a un ciervo. Hasta que apareció borroso un enorme rostro en frente que hizo desaparecer la campiña del cuadro y me despertó, era la mujer del vestido. Tenía su hermoso rostro delante de mi, con preciosos labios de los que silbaba palabras que se suspendían en el aire como música encantadora, una nariz inteligente y graciosa, sus pómulos remarcados y encima enormes ojos verdes, contrastando con largas pestañas, lucia media melena de un cabello fino, rubio nº 7. ¡Dios! ¡Que mujer más guapa!

Estiro su mano y un simple anillo de matrimonio brillo engarzado en uno de sus alargados dedos que terminaban en femeninas uñas pintadas, pero a mi me pareció una virgen vestal sagrada de tez de terciopelo y que en sus venas corrían ríos azules que en profundos cañones se precipitaban en cascadas de amor y vida, llenando océanos donde pequeñas embarcaciones como cáscaras de nuez desplegaban sus velas.

Comenzó hablarme y mis sentidos se agudizaron para intentar comprender algo, tenia puesta toda mi atención en sus transparentes labios, en las fisuras de sus ojos verdes, en el balanceo de unos picaros caracoles rubios que salían de su cabeza de frente ancha, y en su respingona nariz que competía en gracia con su sonrisa, en verdad estaba tan atento que ni un solo momento me entretuve en su escote, donde Venus guardaba un busto perfecto, cualidades anatómicas de mujer cañón, en la flor de la vida. Hablaba muy suave, que hacia que le rodeara un encanto misterioso que la hacia muy sensual y seductora, desprendía un calor que impulsaba a querer abrazarla de inmediato. Ella hablaba y saco una cartera, me pedía disculpas, por lo de antes, explicando que era mayor, supongo que quería decir mayor para mi y de la cartera saco una fotografía de un hijo de unos doce años. Volvió a excusarse diciendo que no podía ir conmigo. Yo estuve un rato callado. El camarero se movía como un leopardo en una jaula encerrado que llego a incomodarme, la mujer se quedo detenida como una muñeca en el museo de cera y la cerveza se había vuelto a quedar vacía. “Congratulations” termine contestando. La mujer volvió a la vida con una nueva sonrisa de aprobación y se marcho con un movimiento en sus caderas, como el de una gran actriz a ritmo de cha, cha, cha.

Decidí no tomar más cerveza y dejar aquel lugar calentito. Enfile las escaleras, las subí y salí de la protección del club de jazz. Camine sin rumbo. York parece un lugar bastante solitario a esas horas, no hay digamos mucho movimiento, aunque claro yo no era más que un extraño. No anduve demasiado porque enseguida volvió aparecer Roger, ¡Que casualidad! Iba a casa de su amiga, a la que le había hablado de mi. Me dijo que fuera con el, que a su amiga no le importaba que yo fuera y me volvió a repetir eso de que era amiga del mundo.

Le seguí. Y fumamos un cigarro.

Cuando llegamos a casa de su amiga, nos abrió la puerta una mujer joven, pelirroja, de aspecto gaélico, muy celta. Vestía como un hombre con gran desaliño y descuido, si hubiera tenido barba le llegaría por la cintura, sin embargo en sus ojos existía una luz maravillosa y su sonrisa era de una gran dulzura, daba la impresión que era en su interior todo lo contrario que aparentaba en el exterior, es decir… Que era una persona verdaderamente rica.

Nos hizo pasar.

Me dijo que tenía dos niños que ya estaban acostados, apuntando hacia lo alto de la escalera. Así que pidió que no hiciéramos ruido. Luego entramos en el gran comedor, que estaba casi a oscuras, donde sobresalían algunos sofás y muebles destartalaos. Deje la mochila en el suelo gris enmoquetado. Acto seguido nos sentamos todos en el suelo. Yo me apoye en la mochila para mayor comodidad, ella se levanto y apago la poca luz que iluminaba el gran salón. Todo quedo a oscuras. Luego ¡Chas! Un fósforo surgió como una tea de la nada. Encendió unas velas y acerco una botella de un licor en cuya etiqueta se podía leer “spirit” pensé que seria como uno de esos vinos espiritosos, Málaga virgen, Santa teresa ect. Tomamos todos un pequeño vasito y brindamos cada uno en su idioma y reímos juntos los tres. Luego alguien saco un cigarrillo para que le acompañáramos y fumamos y volvimos a beber. La bebida nos animo y Roger contó lo de su amiga nuevamente, ella sonreía tiernamente y su cutis entonces aparecía terso y pecoso. En medio del todo había una cajita de madera. Pregunte que contenía aquella cajita de madera y Roger me dijo que eran unas cartas del Tarot, que su amiga sabia como interpretarlas y que si quería podía hacerlo para mí. Le dije a Roger que adelante, que lo hiciera, que porque no. Entonces ella dijo que así no era correcto, que era yo quien tenía que entregarle las cartas desde mi corazón.

Saque las cartas de la caja de madera me las lleve al pecho y se las entregue.

La mujer de las trenzas comenzó a barajar, luego corto o hizo varios cortes y montones, después fue alzando cartas boca arriba y mientras revelaba la figura oculta, hablaba y hablaba, Claro y eso si que era complicado, ¿Qué decía? Le pedí ayuda a Roger, pero me dijo que eso solo era para mí, que el no debía inmiscuirse. Lo que interpretase era cosa mía. Claro y os gustaría saber que creí oír ya que a veces me parecía entender ingles. Lo que yo interprete fue lo siguiente: Que al regresar a mi me ofrecerían trabajo, y que tendría que trabajar mucho y bla, bla, que luego aparecería una mujer y bla, bla, que por amor tendría que hacer un gran viaje, y bla, bla, del amor y la mujer y vida y bla, bla, que en ese viaje aparecía un guerrero y finalmente la muerte.

Me quede acojonado.

Luego como ya no quedaba finito y era tarde, nos fuimos a dormir, ellos subieron las escaleras y yo me quede en el inmenso salón de moqueta gris, en el suelo estire mi saco y me tumbe mirando a la estufa oxidada de la chimenea. Supongo que en algún momento pegaría ojo, pero como es natural no lo recuerdo a no ser que estuviera soñando.

Mis huesos estaban planos y doloridos.

A la mañana siguiente los dos niños corretearon pronto, saltando por encima de mí. Salieron al patio armaron bastante ruido y luego comenzaron a sacar cosas de un armario, creo que se querían hacer un cola cao. Me levante y enrolle el saco, no tenia nada más que recoger. La madre de los niños bajo enseguida y dio los buenos días. Les ayudo hacerse el desayuno. Luego bajo Roger estirándose, como dando la impresión de haber pasado una buena noche, yo ya tenia mis cosas a la puerta. No me quede a desayunar, ni siquiera entre a refrescarme ni orinar en el lavabo. Me fui de inmediato. Di las gracias y me aleje. La chica aún sonreía con ternura en su desaliñado cuerpo.

La mañana era nubosa, y al salir de york pude leer en un indicativo de la carretera; scarborough 40 millas. Estuve andando hasta que se hizo de noche… Me refugie en una casa en ruinas y encendí una hoguera.

 

Continuará…

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On the way scarborough (III)

On the way scarborough (III)

Me quede sentado y pensativo en el banco de la estación, grande y lejana. Di varias cabezadas e iba y venia durante un rato, entre recuerdos fugaces y la vigilia por la falta de sueño.

Supongo que por entonces, ya me habían dejado de importar muchas cosas de mi errante existencia, y si tenía que oír o pensar en algo; debía de ser revolucionario que me sacara de aquellos tediosos días. Que parecían hechos para el sarcasmo y echarse en cara cosas sin sentido, peleas tontas y pataletas absurdas. Que no entendía. Y no es que yo fuera precisamente un santo, simplemente era un santo más.
¡Ya esta! Tenía mil razones para ser feliz y que la vida me fuera yendo bien. Siguiendo; “La buena estrella”. Así que debía de haber motivos suficientes que en mi mente de “Carne trémula” se escaparan o que no podían entrar porque no los comprendiera y así no ver cierta realidad. A lo mejor no quería asumir y me negaba admitir esa realidad. Y era pura brutalidad. El hecho de que sintiera que ya no me quedara un solo amigo, que las cosas habían cambiado ya antes de aquel año del 1.0. Año del cometa Hale-Bopp; Eso era más que evidente. Hacia casi cuatro que había perdido mi mano en aquella explosión, y entonces ya me estaba cerrando en banda. Solo un poco antes solíamos movernos a ritmo de Be-Bop-A-Lula todos juntos, sobre todo antes de que la patria nos llamara, a hacer el gandul y el idiota en cualquier cuartel de la geografía “Espanhola” Una bonita patria de mucha historia, de grandes epopeyas y múltiples vilezas. Año de milicia… ¡joven a la deriva!, pálido e inocente muchacho de veinte años en aquel año en que mis padres se separaron. Recuerdos de cirio gordo, recuerdos de católico incendio. No soy uno más.

En la cerca de Villoría, y su sufrida hermana por ejemplo. Aquel recinto cercado de una tapia gris ocupado supongo por la tremenda iniciativa de Luci, una rubia bajita de muy malas pulgas “La vasca” la llamaban. Trabajadora donde las halla y que era madre de los dos hermanos. Allí construimos un perfecto antro. Lo más parecido a un burdel, para meter mano a aquellas chicas que corrían aterrorizadas subiéndose a un bidón vació de aceite, para escapar trepando por la tapia, mientras incrédulos reíamos repeinando nuestros tupes y agitábamos la podrida bandera del nazismo sureño. Había muchas cosas por las que no sentirse orgulloso. Pero siempre hubiera dicho tócala una vez más “Lu”. Porque aquellos días eran los de nuestra juventud. Jóvenes que habían sido desfribilados para experimentar rock and roll en esencia. Ahora toda aquella polvareda ya empezaba a quedar lejana, muy lejana, como si no quisiera nunca haber pasado, como si la historia no conociera a sus protagonistas, que veo esfumarse detrás de desmedidas y retorcidas carcajadas, mascaras teatrales que interpretan el misterioso juego del tiempo perdido. Tiempo maldito. Aquel del que pierde muere. Camisas del viejo Oeste, espuelas en sus botas, sol brillante y chapas en sus chaquetas de cuero, con algún que otro descosido de clase medio baja. Como si ya hubiéramos ganado toda eternidad. Como si nada importara más que nosotros mismos. Son miradas bajas, las de algunos chacales, como bajas suelen ser sus intenciones, perseguidas de otras miradas distraídas, que con halo de inseguridad vacilan. Ya no habrá más saqueos. Cada cual defenderá lo que su razón dicte. Y es un alivio sentir así esa libertad que acaba de nacer. Como piadosas son nuestras ganas de vivir.

Al levantar la vista mire uno de relojes de la estación, y vi que las manecillas del reloj ya habían hecho mucho recorrido. Me levante enseguida y recogí el desaliñado macuto al que le colgaban algunas prendas; y me dirigí al anden buscando el transporte. No recuerdo bien como era la estación, más que me parecía espaciosa y que había muchos pasillos y que se asemejaba a la del tren, no recuerdo nada sobre sus accesos, ni colores, nada, no puedo decir nada más sobre su arquitectura que el tiempo que pase allí no me pareció haber sufrido, que descanse y que tampoco tengo recuerdos de que fuera difícil encontrar el embarque, y sobre todo que no hubo un jodido segurata resentido, de Policía frustrado, que viniese a tocar los huevos, haciendo que las normas parezcan que sean mucho más estrictas de lo que es normal y humano.
Mi aspecto era ya el de hyde park. Necesitaba algo más que una ducha.

Cuando me senté en el autobús y la gente que viajaba en él comenzó a situarse cada uno en su asiento, me dio mucha vergüenza. Porque era como un peregrino que apestaba a camino. Así que si os pasa alguna vez os aconsejo que tengáis mayor paciencia que yo para subir y que cedáis el paso a cuantos podáis. Tal vez quede un asiento libre retirado y así acortareis esa sensación desagradable.

Luego pase todo el viaje sin mover un solo músculo, para que no se filtrara aquel tufillo montuno, que desprendía mi cuerpo sudado, acostumbrado a ganarse el pan con el sudor de su frente.

Una vez en marcha atravesamos muchas edificaciones antes de salir de la ciudad, algunas eran construcciones de bloques uniformes todos iguales y perfectamente alineados a las afueras, por lo que supuse que serian Ghetos de los años 70, donde imaginé emanar una melodía funk-soul de los sótanos del mundo. Luego viajamos por la utopista. La velocidad era constante. Pasamos por una especie de base militar, donde había un aeródromo y que a mi me pareció era un museo de la aviación militar, porque pude ver algún aparato de la segunda guerra mundial, pintados de ese color gris naval USAF eran bombarderos americanos. A veces las personas que viajan en el NATIONAL EXPRES se levantaban para comprar golosinas o ir al servicio. Como digo yo no me moví un ápice, lo ultimo que quería era causar molestia alguna. Aún así uno de los viajeros, me indico amablemente que podía sacar comida. Le di las gracias y sonreí. Mi cuerpo inmóvil era pegajoso y sentía mi cara más roja que un tomate, lo que me hacia sudar más.

Coincidimos con un tren de alta velocidad que nos adelanto silenciosamente, como levitando por la verde y ondulada campiña inglesa. Un espacio abierto, donde se guarda heno y se ordeñan vacas, de donde salen las montañas de estiércol que abonan Hyde park.

Debí de llegar a York sobre el medio día o la una de la tarde. La hora de comer española del 22 de Marzo. Me acerque a la oficina de turismo buscando información, mapas, planos, y esas cosas. Como no entendía mucho ingles, mis elecciones eran más visuales que dialécticas, así que me decía a mi mismo “Abre los ojos”. Cuando por fin me atrevía a preguntar algo lo decía de la forma más simple y directa que podía, encabezado siempre por un “please” por descontado. Quiero esto o aquello, lugar, dirección, daba las gracias y tan amigos. A veces repetía lo que me decían sin entender y otras terminaba haciendo gestos y señales con las manos, lo cual podía ser ridículo, pero divertido a decir por las risas que le entraban a todos, por supuesto a mi también. Como era bastante tímido prefería no dejarme atrapar por diálogos de los que no entendía absolutamente nada, porque me hacían parecer tonto. Y así me iba dirigiendo, conociendo todo on-line, sin plan previo, ninguna referencia, objetivo alguno, en realidad iba sin rumbo y me dirigía al azar e improvisaba sobre el lugar donde había parado el autobús hacia una hora escasa. Y antes de hacerme la pregunta de… ¿Qué hago aquí? Era hora de averiguar que es lo que se podía comer y donde dormir por unos cinco pound. ¡Nada! Tal vez una cerveza o una pastilla de queso de vaca.

Cuando Salí de la oficina, Iba en silencio y despacio y comencé a subir una cuesta, y al poco donde un indicador señalaba la calle del centro, sin saber bien donde iría a parar, fui en esa dirección. Tampoco tenía prisa. Todo aquello era nuevo. Las calles peatonales estaban llenas de tiendas y bares, con rótulos encima de cada puerta bellamente diseñados, también se reconocían firmas comerciales importantes. Las calles dieron paso a una plaza, supongo que seria la plaza del centro y allí lucia el sol.

Comencé a mirar a ambos lados mientras cruzaba por medio, a un lado había casas. Me pareció tuvieran soportales, las casas como en casi toda la ciudad eran de dos plantas, mientras al otro lado había grandes escalones, donde muchos se sentaban apaciguados por aquella luz tibia de la tarde, y arriba una pared resplandeciente, desde donde  rebotaban unas palabras conocidas que llamaron mi atención.

Al mirar vi que las palabras procedían de un chico alto, melenudo de pelo lacio y castaño, de rasgos muy marcados, tenia los mismos morros que mick jagger, se apoyaba en la pared con una chupa de cuero, una mano en un bolsillo y la otra sujetando un cigarrillo en los labios que le turbaba la vista de unos ojos encendidos y penetrantes. “El mundo es un pañuelo” por fin oí con claridad. ¿Eres de Salamanca? Pregunto apuntando a una bolsa de Nuevas galerías que llevaba en la mano. ¡Si! dije y me quede parado. Mi madre es de Salamanca, vive allí con mi padre en un pueblo que se llama Aldealengua, continuo contando. Yo no sabia que decir, ni siquiera se me ocurrió preguntar por un sitio donde comer bien y barato, un alojamiento, agua potable. Nada me quede callado. El dio un salto y tiro el cigarrillo a un lado y dijo; ¡ven! ¡Te invito a una cerveza! Luego me dijo que se llamaba Roger y le seguí.

Caminamos por unas cuantas manzanas y calles peatonales, York es muy peatonal y nada tiene que ver con el London cosmopolita, dicen que en York vive el arquetipo ingles de pura cepa, y abundan los rubios. York cuenta con una larga historia. A mi me parecían formales y normales, que iban a lo suyo, es decir lucir bien en sus vestimentas de moda y trajes y pasear en bonitos y modernos autos. Lo que toda sociedad de las llamadas modernas aspira.

Cuando llegamos al bar le dije que tenia algo de embutido de Salamanca, con lo que de momento me iba manteniendo, saque y le ofrecí un poco, para acompañar aquella rubia, fresca, brillante y espumosa cerveza. Me hubiera bebido todo un barril. Después que termináramos aquel trago Roger me dijo que donde pensaba pasar la noche. Le dije que lo más seguro en un parque o algo así. El me dijo que tenia una amiga que vivía cerca en una casa con sus hijos y que no le importaría que pasara allí la noche, porque aunque ella tenia algunos problemas era amiga del mundo. Yo le dije que no se preocupara. Y me fui a buscar un lugar tranquilo.

Camine durante un rato, y me acerque al rió principal, que pasaba perfectamente canalizado en sus dos orillas, donde algunas casas se aproximaban al cauce, con forma de almacenes y las barcazas quedaban cerca amarradas a sus muelles con escaleras de acceso a esas embarcaciones planas de transporte, que supuse importante para el comercio en alguna época no muy lejana. Pase algunos puentes y me fui alejando de la ciudad por aquel camino de rivera, donde algunas personas pasan de vez en cuando corriendo o en bicicleta, por aquello que era un paseo, de árboles recién plantados y de bancos de madera recién pintados, siempre indicado con carteles avisando, todo parece estar en perfecto orden y bien dispuesto, incluso los flotadores a cada cierta distancia por si alguien cae al agua. Después encontré un parque con un estanque en el que nadaban algunos patos blancos. Me senté junto a un pequeño árbol y permanecí allí sentado pensando un rato. Allí no había nadie. Nadie con quien hablar, nadie a quien preguntar. Solo yo y los patos, que con sus largos cuellos flotan y se deslizan por el agua como corchos imantados por una atracción vital; La supervivencia. Ahora estaba en un dilema, pues ya sabia que por ley todos los parques del Reino Unido cerraban por la tarde, prohibiendo el paso.

Después de descansar un rato decidí volver a la ciudad, pero no quería llevar todas las cosas, al fin y al cabo a lo mejor tendría que pasar por allí cerca la noche. Bueno ahora lo que necesitaba era sacar un poco de dinero de un cajero y ver que hacer… ¿A donde ir? Mi madre me había dado una tarjeta de crédito, llevaba algo más de una semana dando tumbos y saltos de mata, por el corazón de Albión y aunque no me quedaba ni un puto duro, no la había estrenado todavía. La verdad me costaba gastar aquel dinero. Metí el macuto en lo más espeso del parque y lo termine cubriendo con una red mimética y hojas caídas. Luego Estuve en la catedral y por las murallas, donde escenificaban una invasión vikinga. La catedral de York aunque parezca pequeña a simple vista se trata de un edificio de grandes dimensiones y es muy bonita, no soy un gran entendido en arte pero creo que es un ejemplo clarísimo del gótico ingles. Las catedrales son lugares frescos, apacibles al culto o la meditación y en lo que ninguno esta exento es de misterio, del negocio vaticano o no vaticano, como es el caso de nuestros hermanos ingleses que viven el cristianismo desde su propia iglesia anglicana. La verdad es que allí dentro se respira la majestad de una gran obra y uno se siente bien. Me gusto su acceso libre y que hubiera unas mesas con ruedas que en realidad eran unos grandes espejos móviles para contemplar sin esfuerzo todo el complicadísimo trabajo de sus techos. Sus vidrieras que siendo espectaculares, grandes y ojivales, no logran impresionar tanto al ojo como lo hacen aquellas vidrieras de una de las primigenias góticas europeas, es decir como lo hace a nuestro nervio óptico y este logra emocionar ¿El alma? ¿El espíritu? La de nuestra señora de Santa María de Regla de León.

Continuará...

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On the way scarborough (II)

 

On the way scarborough (II)

Aquella mañana Salí de la casa de aquella chica pelirroja de aspecto descuidado que fumaba como un carretero, claro que por aquel entonces también yo hacia lo propio. La mujer vivía sola en una bonita casa de dos plantas, muy a la inglesa, con su pequeño jardín a la entrada y un precioso patio trasero. Su marido no hacia mucho tiempo que se había largado por el aspecto en que aún estaba la casa. Habían hecho repartición de bienes arrancando el papel de las paredes y hecho jirones algunas butacas que aparecían acribilladas haciendo visible el menospreciado sucio y viejo tapizado que había debajo, sin embargo yacía intacta una bonita librería de nácar laminada que pasaba casi desapercibida en el recibidor, dando a todo un aspecto anterior mucho más civilizado. Las mugrosas y desvencijadas escaleras de madera que conducían a la parte superior eran bastante inclinadas, donde el aroma de dos mocosos volaba escalera abajo, hasta el salón donde sobrevivía una gran estufa metálica oxidada, que durante la noche templaba el aire en aquel marzo apto solo para oír historias. Historias de las que yo no entendía ni jota.

  Había llegado a York desde la estación Londinense de Victoria en el primer autobús que salía en aquel momento y me podía alcanzar el dinero, porque unos días antes un tal Max Iskander propietario de una pensión de mala muerte GARRICK HOUSE HOTEL me estafo casi todo lo que llevaba encima; cerca de paddigton. Porque una graciosa muchacha morena simpática, mediana y de ojos espabilados me ayudó sacar en las maquinas expendedoras del aeropuerto mi billete a London, después de que los agentes del aeropuerto registraran mi mochila sacando un cuchillo de comando a relucir y algunas cosas de supervivencia del ejercito español, linterna, redes miméticas, saco de dormir, y comida. Los agentes me preguntaron que donde iba y les dije que de acampada y me dejaron pasar. Quizás aquel día tuvieran mucho trabajo o que el mundo en aquel entonces fuera cándido y bueno, creo que hoy seria impensable sin que saltaran alarmas. Recogí todo y me fui detrás de la fila de personas que se movía. No se donde, yo seguía aquella corriente. Luego en el tren la muchacha inteligente me aconsejo que fuera a Paddigton, y por eso me dirigí aquel lugar, porque ella dijo que allí había mucha oferta para empezar y económica.

Así que después del altercado de la primera pensión, con aquel tipo feo y pretencioso y al que la policía le diera la razón y de hecho la ley inglesa era explicita en ese sentido. No podía alegar más que la estafa solo era causa de mi ignorancia, porque estaba en un sitio en el que todo es igual de sencillo que en cualquier otra parte, solo que al revés y en esos momentos yo no entendía prácticamente nada. La verdad es que se aprende bastante rápido, más incluso de lo que yo creyera. Porque por ejemplo ¿Cómo se puede descolgar un teléfono y llamar a la policía indicando la dirección exacta pidiendo ayuda en un idioma que no entiendes? Solo se que en pocos minutos un coche patrulla estaba allí a la puerta, y dos impolutos agentes bajaban del auto pensando que se yo… En un secuestro, agresión, en un crimen, ¿Qué crimen? No lo se… Yo solo quería que me devolvieran parte del dinero que no iba a consumir e irme de aquella pocilga de pensión, porque había adelantado una cantidad, como parece que era costumbre en el Reino Unido, pero no quería permanecer todo el tiempo en semejante lugar, porque aparte de malo era caro; Ese cuchitril de habitación era una verdadera estafa, donde la roña enmoquetada de las habitaciones, se mezclaba al olor de tubería rota de su W.C. compartido, con la electricidad que flotaba encima de cada puerta en peligrosas resistencias, que se accionan con un tirador, iluminando una vieja cama de muelles a la que los gitanos hubieran vendido sus cabeceros sin ningún valor a precio de oro y un jergón blando y espeso como la joroba de un dromedario con kilos de grasa y al fondo de los cuatro metros cuadrados, una mohosa cafetera que preside encima del único estante, por si alguien se aventura a hacerse una tisana. Quería irme de allí al instante. Cuando los agentes subieron la empinada y mal oliente escalera, se toparon de bruces con el que dirigía aquel tugurio, un hombre de mediana estatura, moreno, con gafas y un bigote ancho y espeso, que se pasaba el día hablando en voz alta, como si conversara con alguien a larga distancia, poniendo el cuidado de pronunciar cada palabra con suma claridad, un vozarrón difícil de olvidar. De tal guisa que al toparse con el, se había puesto una gasa en forma de parche en un ojo, y todos creyeron que era obra mía, y así discutieron todos un rato tratando de aclarar la situación y luego uno de uniforme me dijo que necesitaba un interprete para explicarme la situación, y me llevo a su comisaría cercana, donde  un chaval joven saco un diccionario y se puso a practicar su español. Me dijo que el tipejo del hospedaje no había cometido ningún delito, porque no había utilizado ninguna fuerza, que el dinero se lo había dado yo voluntariamente, y que si quería podía volver a terminar de gastar los días que me restaban. Yo hice un gesto con la cabeza y termine en hyde park, donde permanecí acampado hasta el viernes de esa semana por la noche.

Aquella noche después de saltar la verja del parque, donde había visto un letrero que decía algo sobre que había un perro suelto y podía ser peligroso, y que yo no creía, porque pensaba que era algo exagerado, pues llevaba allí varios días y no me había encontrado más que con personas que salían a pasear con sus chuchos o aquellos que llevaban consigo autenticas jaurías de todas las razas, también jinetes y amazonas. El caso es que ya andando dentro del parque cerca unos enormes robles, por donde corretean obesas ardillas grises, a las que las gentes da de comer todos los días, apareció una figura que se recortaba entre los desnudos árboles, que con una linterna en la mano comenzó alumbrar en mi dirección; Dijo algo pero yo no lo entendí, mientras en la otra mano sujetaba con fuerza una correa de la que tiraba nerviosa, y atentamente su fiel e inteligente compañero; Un hermoso pastor alemán de pura raza, que al verme se puso tan contento como yo mismo, que comencé a comprender lo que decía el cartel de la entrada. Hola buenas noches, me pareció oír a las figuras que venianse acercando, hasta que el enorme escudo plateado de su sombrero relució frente a mi; Era un bobby ingles el que dijo directamente ¿Spanish no? Que inteligente pensé… ¡Yes!  Conteste. Entonces me pidió que le acompañara. Al parecer los parques se cierran todas las tardes quedando prohibido el paso. Le pedí que me permitiera recoger mis cosas ocultas en unos arbustos cercanos, donde todas las mañanas los pequeños petirrojos me visitaban para dar sus buenos días. Luego le seguí hasta una esquina del parque, por donde había una tapia y me expulso de aquel jardín, que resulto no ser el edén, si no más bien una enorme montaña de boñigas de vaca. Salte abajo a la calle donde había una fiesta en un bar español, pero yo no tenia ninguna gana de fiesta, ni de compatriotas a altas horas a los que había visto días atrás, después de utilizar a diario los servicios públicos del parque para el aseo personal, reunirse en hyde park córner buscando cambiar de trabajo del McDonald a Pizza hut, yo tan solo buscaba un sitio donde estar tranquilo, así que deambule de un lado a otro, por calles pobremente iluminadas y vi a muchas personas que vivían en la calle, buscando refugio en pasajes y  túneles, donde resonaba la tos grave de alguien que encogido en su saco encima de cartones, trataba de dar esquinazo a la noche en el frió y húmedo suelo. Por la mañana ya estaba en Victoria Coach station desde hacia mucho rato esperando a que abriesen alguna ventanilla, y cuando abrieron compre un billete que iba a York que era el lugar más lejano hasta donde me alcanzaba el poco dinero que me quedaba unas 25 Libras.

Continuará... 

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Blancanieves

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PabloBerger
FICHA TECNICA:
Película: Blancanieves. Dirección: Pablo Berger. Países: España y Francia.Año: 2012. Duración: 90 min. Género: Drama. Interpretación: Maribel Verdú(Encarna, la madrastra), Daniel Giménez Cacho (Antonio, el padre), Pere Ponce (Genaro, el chófer), Ángela Molina (doña Concha), José María Pou(don Carlos), Inma Cuesta (Carmen de Triana), Macarena García (Carmen / Blancanieves), Sofía Oria (Carmencita), Ramón Barea (don Martín). Guion: Pablo Berger; inspirado en el cuento de los hermanos Grimm. Producción: Pablo Berger, Ibon Cormenzana y Jérôme Vidal. Música: Alfonso de Vilallonga. Fotografía en B/N:Kiko de la Rica. Montaje: Fernando Franco. Diseño de producción: Alain Bainée.Vestuario: Paco Delgado. Distribuidora: Wanda Visión. Estreno en España: 28 Septiembre 2012. Calificación por edades: Apta para todos los públicos.

SINOPSIS:
BLANCANIEVES, de Pablo Berger, es una original visión del popular cuento de los hermanos Grimm, ambientada en los años 20 en el sur de España.
Blancanieves es Carmen (Macarena García), una bella joven con una infancia atormentada por su terrible madrastra, Encarna (Maribel Verdú). Huyendo de su pasado, Carmen emprenderá un apasionante viaje acompañada por sus nuevos amigos: una troupe de enanos toreros.
Una BLANCANIEVES llena de fantasía, aventuras, emoción y humor.
Nunca antes te contaron el cuento así…la-butaca

 

COMENTARIO:
Hace tiempo que quería poner esta película en la casa rosa. Aunque no es fácil en estos tiempos de SOPAS y otras leyes (SINDES) que alejan la cultura de muchas personas que no tienen mejor medio de información para conocer nuestra cultura que la web. Porque naturalmente las películas están hechas para el cine, donde a mi me parece que se disfrutan y son de mayor agrado. Aún así creo que esta película ha sido sobreprotegida por razones inminentemente comerciales haciendo un flaco favor a nuestra cultura, por mucha obra artística y original que se precie. ¿Cerraran un día las bibliotecas con el conocimiento humano?

Cambiando de tema y hablando ya de la película, decir que fue la gran ganadora de los premios Goya 2012 y seleccionada para representar a España en los Oscar, cosa que habría que compartir con Francia, digo yo; culpable esta ultima de un pequeño resurgir del cine mudo.

Dicen que esta película es algo que necesitaba el cine español. En parte creo que lo consigue ampliamente, volviendo al topicazo que siempre vende, pero que sobre todo ha vendido: La España “Cañi”. Que no es otra que esa España monocromática, que continua viviendo románticamente en el esplendor de su pasado, de su pasado corrupto. Donde las masas acuden como borreguitos a un circo que con sus carromatos ambulantes se mueven de una plaza de toros a los más recientes estadios de futbol “Pésimo pan y pésimo circo” Esa España donde abunda la incultura y la ignorancia, y por tanto la pobreza, donde se siente y festeja con gran devoción absurdas supersticiones, que finalmente ha de ahondar en fieles costumbres del labrador, artesano, albañil a través de las manos expertas que tocan la guitarra, eco del dolor patrio. Mancillada esta patria por oportunistas y farsantes, a veces disfrazados de grandes empresarios, monarcas o presidentes. Ese pesimismo que aún nos persigue jugando al azar, en esta tragedia, que cayendo la montera de cualquier manera, la victima sigue siendo la inocencia.
 
La adaptación de la película es muy original, que hace un recorrido fidedigno por el cuento de los hermanos Grimm. Que esta muy bien rodada, a gran ritmo, dramática y entretenida. Maribel verdú sigue creciendo imparable como artista, pero en general todos los actores están sublimes. Es una película con una bonita banda original y que merece la pena ver y escuchar. Puede ser sin duda uno de los mejores trabajos de los últimos tiempos.



 

 
 
 
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El gran Vázquez

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oscar_aibar       http://www.oscaraibar.com/El-gran-Vazquez

Dirección y guión: Óscar Aibar. País: España. Año: 2010. Duración: 100 min. Género: comedia. Interpretación: Santiago Segura (Vázquez),Mercè Llorens (Rosa), Álex Angulo (Peláez), Enrique Villén (González), Jesús Guzmán (Manuel), Manolo Solo (Ibáñez), Itziar Aizpuru (Paz), Albert Vidal (director del hotel), Pep Sais (sastre). Producción: Miriam Porté yGerardo Herrero. Música: Mastretta. Fotografía: Mario Montero. Montaje: Fernando Pardo. Diseño de producción: Irene Montcada. Vestuario: María Gil. Distribuidora: Alta Classics. Estreno en España: 24 Septiembre 2010. No recomendada para menores de 13 años.la_butaca


anacleto_sinopsisBarcelona, años 70. Es primavera, y Vázquez respira la vida a pleno pulmón. Sus personajes ―las hermanas Gilda, Anacleto, la familia Cebolleta…― triunfan entre los tebeos de la Editorial Bruguera. Mientras, el mejor dibujante de tebeos de España disfruta de lo que quiere cuando quiere, no paga nada, esquiva con ingenio a sus acreedores, burla y tima a sus jefes y se casa alegremente, coleccionando una familia tras otra. Hasta que un gris contable de su editorial decide que debe pasar por el aro como todo hijo de vecino. No será tarea fácil: para el genial dibujante, la vida es una fiesta en la que hay que colarse si no te han invitado.
hermanas_gilda


“Sección Oficial Festival Internacional de San Sebastían. Mejor Guión Festival Internacional de Montecarlo”.


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comentario  Este personaje es genial y me gusto mucho la película, porque es una historia destornillante, idéntica a sus personajes, que no son más que un reflejo de su propia realidad. Una vida ejemplar la de este Vázquez, si señor, un adelantado sin duda a su tiempo y con el honor de haber vivido todas esas peripecias durante la dictadura en España. La pena es que no pude verla en el cine. Una vida plena... La de Vázquez, modelo y alma mater, para los que tengan ganas de vivir la historieta de su vida . 






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Fin de Festival.

  titulo

Y andaba yo por alguna parte, aun sin entender ni Mu. A veces me arrastraba como uno de aquellos gusanos de la seda, que se escondían tejiendo afanosamente dentro de unas pelotas de colores, después de haberse atiborrado de la delicada morera que recogimos de los huertos cercanos y tras un tiempo de misteriosa inanición volvían aparecer revoloteando nerviosa y alocadamente, para en pocos días morir habiendo dejado su prole pegada en cualquier rincón, de la caja de zapatos. Todo comenzaría de nuevo corriendo el tiempo, si la memoria del chiquillo le avisaba cuando sucedería la siguiente eclosión.
espectadoresMe preguntaba yo como gusano que se ve arrastrando por iniquidades de esta vida, de cambios, de pupas y de misterios, ¿Serian felices los gusanos?. Supongo que ¡No! Como tampoco creo que padeciesen. Que todo en ellos era simple, mucho más simple que cualquier otro ciclo, como el de la estación que trae la lluvia o el del valeroso y esforzado salmón.
Mientras en la calle los copos de nieve flotan enormes en el aire y caen silenciosos, ligeros y lentamente, como pequeños algodones en una gran feria, las luces iluminan las aceras y carreteras y los transeúntes caminan, cruzando setos y jardines.
  Todos los años se repiten las mismas cosas en nuestros calendarios, hay un día para todo. Los santos, el padre y la madre, el niño y los enamorados, un día del trabajo y el día de la paz mundial. Todos los años continúan repitiéndose y agregándose nuevos días. Del sida, de los gays y lesbianas, día sin humos ó sin ruidos, y alguna que otra memez, tal vez cualquier día se les ocurra declarar el día sin sombra, o ¿porque no?… “El día sin injusticia”. Ahora si embargo ya sabia que nunca volvería a ver una nevada así, que cada copo de nieve había sido regalado y puesto milagrosamente delante de mi en ese preciso momento, que abriendo la boca y dando saltitos tragaba, como si mana del cielo cayese, alimento divino de aquel invierno que pasó como la moda, como pasará la de este y también la del que viene. Entonces ¿De que ha servido? ¿Fue útil? Aquel año si. Lo que ocurre es que nosotros crecemos de sopetón y en nuestras sienes aparecen manchas, de borrico, de cráneos despejados y arrugas en la piel.        
Todos los gusanos se arrastran por igual y todos se encaraman a sus hojitas que comen como limas. Nunca los he visto pelear, no conozco que un gusano se halla comido a otro, cada cual se preocupa de una sola cosa: Comer. No les importa si le acaricias sus lomos blanquecinos, alargados, pequeños y suavísimos cuerpos. No corren, no huyen, no muerden, solo les atrae una cosa: Comer, comer, comer sabrosísima morera. Es un gesto que hacen y repiten velozmente como un mecanismo casi automático. ¿Esta será su felicidad?  Es decir... la de transformar energía en crecer. Creo que así es y el día que esta energía se agota dejan de existir. Para entonces habrán transformado metabólicamente toda esa energía en una nueva generación, su principal cometido en el ciclo de su vida. Aun así continuaba preguntándome por la felicidad de estos pequeños y simpáticos gusanos, que era igual que preguntar por su alma. ¿Y si yo hubiera hecho daño a uno de estos bichitos se hubiera quejado? ¿Hubiera escuchado yo su voz suplicando piedad? Supongo que no, porque de ser así seria una maldad muy grande mía y me hubiera de ver condenado a la ignorancia total y eterna o no tendría sentido de la culpabilidad, lo que me convertiría en un animal más bajo que el inocente gusano. Recibimos la energía cuando esta ya esta transformada y es nuestra labor continuar esa transformación, para mayor perfección.BURRO Un día la emperatriz que estaba tomando el té bajo el árbol de la morera y vio caer el capullo de seda en su taza caliente, como newton la manzana, enseguida comprendió que la energía había de ser transformada para si. Entonces ella que era una excelente modista hizo los mejores trajes de un tejido hasta ahora desconocido, nuevo que la moda no podía superar. Entonces la emperatriz se puso muy contenta y pero no fue muy feliz con sus éxitos en la alta costura que comenzó a cultivar y a perfeccionar, porque lo mantuvo en secreto durante largo tiempo en su palacio. Los gusanos de seda, QUE fueron sus protegidos, terminaron por extenderse a muchos países, garantizando así su supervivencia. Por su peculiar habilidad.

Me duele profundamente, se me hace la tristeza y me amarga el alma,  ver a alguien que sabiendo y siendo en su humildad casi perfecta, no disfrute de la felicidad. Al comprobar que su naturaleza humana es de gloriosa piedad y llena de un amor capaz de todo sacrificio, por los que ama. Que se empeña en soportar el invierno crudo a la intemperie de la soledad. Eso no esta bien… Por muy festivo o señalado que fuese ese día. Porque ese día sabemos todos que no volverá, si no que serán siempre “Nuevos Tiempos”. Que todo es sencillo como la vida del gusano. Y nosotros debemos compartir nuestra energía también para ser felices, como esta energía de cálido AMOR, que nunca podrá corresponder a tanta dulzura, que yo he recibido.

“Cada uno debe de hacer lo que sabe para ser feliz y pueda compartir. Aquel que ayuda a los demás se ayuda así mismo”.

 

la casa rosa

 

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