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| Como cada año por estas fechas, decidimos compartir nuestros mejores deseos con el resto del mundo. Realmente a mi me da mucha pena que ISON se desintegrara al acercarse al sol, porque pensaba que este era un acontecimiento único, que llenaría de esperanza al mundo, de un ciclo que se había repetido durante miles de millones de años. Ahora acaba de terminar y de lo que estoy seguro es que veremos caer sus pedacitos como los confetis de vuestras celebraciones, y cada uno de esos pedacitos tendrá una nueva esperanza que ilumine cada corazón abierto, un bálsamo que cure tristezas, la medicina del AMOR que cicatrice todas las heridas.
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¿En que momento se toma conciencia de si mismo y del mundo en que se vive? | ||
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| On the way scarborough (III) Me quede sentado y pensativo en el banco de la estación, grande y lejana. Di varias cabezadas e iba y venia durante un rato, entre recuerdos fugaces y la vigilia por la falta de sueño. Supongo que por entonces, ya me habían dejado de importar muchas cosas de mi errante existencia, y si tenía que oír o pensar en algo; debía de ser revolucionario que me sacara de aquellos tediosos días. Que parecían hechos para el sarcasmo y echarse en cara cosas sin sentido, peleas tontas y pataletas absurdas. Que no entendía. Y no es que yo fuera precisamente un santo, simplemente era un santo más. En la cerca de Villoría, y su sufrida hermana por ejemplo. Aquel recinto cercado de una tapia gris ocupado supongo por la tremenda iniciativa de Luci, una rubia bajita de muy malas pulgas “La vasca” la llamaban. Trabajadora donde las halla y que era madre de los dos hermanos. Allí construimos un perfecto antro. Lo más parecido a un burdel, para meter mano a aquellas chicas que corrían aterrorizadas subiéndose a un bidón vació de aceite, para escapar trepando por la tapia, mientras incrédulos reíamos repeinando nuestros tupes y agitábamos la podrida bandera del nazismo sureño. Había muchas cosas por las que no sentirse orgulloso. Pero siempre hubiera dicho tócala una vez más “Lu”. Porque aquellos días eran los de nuestra juventud. Jóvenes que habían sido desfribilados para experimentar rock and roll en esencia. Ahora toda aquella polvareda ya empezaba a quedar lejana, muy lejana, como si no quisiera nunca haber pasado, como si la historia no conociera a sus protagonistas, que veo esfumarse detrás de desmedidas y retorcidas carcajadas, mascaras teatrales que interpretan el misterioso juego del tiempo perdido. Tiempo maldito. Aquel del que pierde muere. Camisas del viejo Oeste, espuelas en sus botas, sol brillante y chapas en sus chaquetas de cuero, con algún que otro descosido de clase medio baja. Como si ya hubiéramos ganado toda eternidad. Como si nada importara más que nosotros mismos. Son miradas bajas, las de algunos chacales, como bajas suelen ser sus intenciones, perseguidas de otras miradas distraídas, que con halo de inseguridad vacilan. Ya no habrá más saqueos. Cada cual defenderá lo que su razón dicte. Y es un alivio sentir así esa libertad que acaba de nacer. Como piadosas son nuestras ganas de vivir. Al levantar la vista mire uno de relojes de la estación, y vi que las manecillas del reloj ya habían hecho mucho recorrido. Me levante enseguida y recogí el desaliñado macuto al que le colgaban algunas prendas; y me dirigí al anden buscando el transporte. No recuerdo bien como era la estación, más que me parecía espaciosa y que había muchos pasillos y que se asemejaba a la del tren, no recuerdo nada sobre sus accesos, ni colores, nada, no puedo decir nada más sobre su arquitectura que el tiempo que pase allí no me pareció haber sufrido, que descanse y que tampoco tengo recuerdos de que fuera difícil encontrar el embarque, y sobre todo que no hubo un jodido segurata resentido, de Policía frustrado, que viniese a tocar los huevos, haciendo que las normas parezcan que sean mucho más estrictas de lo que es normal y humano. Cuando me senté en el autobús y la gente que viajaba en él comenzó a situarse cada uno en su asiento, me dio mucha vergüenza. Porque era como un peregrino que apestaba a camino. Así que si os pasa alguna vez os aconsejo que tengáis mayor paciencia que yo para subir y que cedáis el paso a cuantos podáis. Tal vez quede un asiento libre retirado y así acortareis esa sensación desagradable. Luego pase todo el viaje sin mover un solo músculo, para que no se filtrara aquel tufillo montuno, que desprendía mi cuerpo sudado, acostumbrado a ganarse el pan con el sudor de su frente. Una vez en marcha atravesamos muchas edificaciones antes de salir de la ciudad, algunas eran construcciones de bloques uniformes todos iguales y perfectamente alineados a las afueras, por lo que supuse que serian Ghetos de los años 70, donde imaginé emanar una melodía funk-soul de los sótanos del mundo. Luego viajamos por la utopista. La velocidad era constante. Pasamos por una especie de base militar, donde había un aeródromo y que a mi me pareció era un museo de la aviación militar, porque pude ver algún aparato de la segunda guerra mundial, pintados de ese color gris naval USAF eran bombarderos americanos. A veces las personas que viajan en el NATIONAL EXPRES se levantaban para comprar golosinas o ir al servicio. Como digo yo no me moví un ápice, lo ultimo que quería era causar molestia alguna. Aún así uno de los viajeros, me indico amablemente que podía sacar comida. Le di las gracias y sonreí. Mi cuerpo inmóvil era pegajoso y sentía mi cara más roja que un tomate, lo que me hacia sudar más. Coincidimos con un tren de alta velocidad que nos adelanto silenciosamente, como levitando por la verde y ondulada campiña inglesa. Un espacio abierto, donde se guarda heno y se ordeñan vacas, de donde salen las montañas de estiércol que abonan Hyde park. Debí de llegar a York sobre el medio día o la una de la tarde. La hora de comer española del 22 de Marzo. Me acerque a la oficina de turismo buscando información, mapas, planos, y esas cosas. Como no entendía mucho ingles, mis elecciones eran más visuales que dialécticas, así que me decía a mi mismo “Abre los ojos”. Cuando por fin me atrevía a preguntar algo lo decía de la forma más simple y directa que podía, encabezado siempre por un “please” por descontado. Quiero esto o aquello, lugar, dirección, daba las gracias y tan amigos. A veces repetía lo que me decían sin entender y otras terminaba haciendo gestos y señales con las manos, lo cual podía ser ridículo, pero divertido a decir por las risas que le entraban a todos, por supuesto a mi también. Como era bastante tímido prefería no dejarme atrapar por diálogos de los que no entendía absolutamente nada, porque me hacían parecer tonto. Y así me iba dirigiendo, conociendo todo on-line, sin plan previo, ninguna referencia, objetivo alguno, en realidad iba sin rumbo y me dirigía al azar e improvisaba sobre el lugar donde había parado el autobús hacia una hora escasa. Y antes de hacerme la pregunta de… ¿Qué hago aquí? Era hora de averiguar que es lo que se podía comer y donde dormir por unos cinco pound. ¡Nada! Tal vez una cerveza o una pastilla de queso de vaca. Cuando Salí de la oficina, Iba en silencio y despacio y comencé a subir una cuesta, y al poco donde un indicador señalaba la calle del centro, sin saber bien donde iría a parar, fui en esa dirección. Tampoco tenía prisa. Todo aquello era nuevo. Las calles peatonales estaban llenas de tiendas y bares, con rótulos encima de cada puerta bellamente diseñados, también se reconocían firmas comerciales importantes. Las calles dieron paso a una plaza, supongo que seria la plaza del centro y allí lucia el sol. Comencé a mirar a ambos lados mientras cruzaba por medio, a un lado había casas. Me pareció tuvieran soportales, las casas como en casi toda la ciudad eran de dos plantas, mientras al otro lado había grandes escalones, donde muchos se sentaban apaciguados por aquella luz tibia de la tarde, y arriba una pared resplandeciente, desde donde rebotaban unas palabras conocidas que llamaron mi atención. Al mirar vi que las palabras procedían de un chico alto, melenudo de pelo lacio y castaño, de rasgos muy marcados, tenia los mismos morros que mick jagger, se apoyaba en la pared con una chupa de cuero, una mano en un bolsillo y la otra sujetando un cigarrillo en los labios que le turbaba la vista de unos ojos encendidos y penetrantes. “El mundo es un pañuelo” por fin oí con claridad. ¿Eres de Salamanca? Pregunto apuntando a una bolsa de Nuevas galerías que llevaba en la mano. ¡Si! dije y me quede parado. Mi madre es de Salamanca, vive allí con mi padre en un pueblo que se llama Aldealengua, continuo contando. Yo no sabia que decir, ni siquiera se me ocurrió preguntar por un sitio donde comer bien y barato, un alojamiento, agua potable. Nada me quede callado. El dio un salto y tiro el cigarrillo a un lado y dijo; ¡ven! ¡Te invito a una cerveza! Luego me dijo que se llamaba Roger y le seguí. Caminamos por unas cuantas manzanas y calles peatonales, York es muy peatonal y nada tiene que ver con el London cosmopolita, dicen que en York vive el arquetipo ingles de pura cepa, y abundan los rubios. York cuenta con una larga historia. A mi me parecían formales y normales, que iban a lo suyo, es decir lucir bien en sus vestimentas de moda y trajes y pasear en bonitos y modernos autos. Lo que toda sociedad de las llamadas modernas aspira. Cuando llegamos al bar le dije que tenia algo de embutido de Salamanca, con lo que de momento me iba manteniendo, saque y le ofrecí un poco, para acompañar aquella rubia, fresca, brillante y espumosa cerveza. Me hubiera bebido todo un barril. Después que termináramos aquel trago Roger me dijo que donde pensaba pasar la noche. Le dije que lo más seguro en un parque o algo así. El me dijo que tenia una amiga que vivía cerca en una casa con sus hijos y que no le importaría que pasara allí la noche, porque aunque ella tenia algunos problemas era amiga del mundo. Yo le dije que no se preocupara. Y me fui a buscar un lugar tranquilo. Camine durante un rato, y me acerque al rió principal, que pasaba perfectamente canalizado en sus dos orillas, donde algunas casas se aproximaban al cauce, con forma de almacenes y las barcazas quedaban cerca amarradas a sus muelles con escaleras de acceso a esas embarcaciones planas de transporte, que supuse importante para el comercio en alguna época no muy lejana. Pase algunos puentes y me fui alejando de la ciudad por aquel camino de rivera, donde algunas personas pasan de vez en cuando corriendo o en bicicleta, por aquello que era un paseo, de árboles recién plantados y de bancos de madera recién pintados, siempre indicado con carteles avisando, todo parece estar en perfecto orden y bien dispuesto, incluso los flotadores a cada cierta distancia por si alguien cae al agua. Después encontré un parque con un estanque en el que nadaban algunos patos blancos. Me senté junto a un pequeño árbol y permanecí allí sentado pensando un rato. Allí no había nadie. Nadie con quien hablar, nadie a quien preguntar. Solo yo y los patos, que con sus largos cuellos flotan y se deslizan por el agua como corchos imantados por una atracción vital; La supervivencia. Ahora estaba en un dilema, pues ya sabia que por ley todos los parques del Reino Unido cerraban por la tarde, prohibiendo el paso. Después de descansar un rato decidí volver a la ciudad, pero no quería llevar todas las cosas, al fin y al cabo a lo mejor tendría que pasar por allí cerca la noche. Bueno ahora lo que necesitaba era sacar un poco de dinero de un cajero y ver que hacer… ¿A donde ir? Mi madre me había dado una tarjeta de crédito, llevaba algo más de una semana dando tumbos y saltos de mata, por el corazón de Albión y aunque no me quedaba ni un puto duro, no la había estrenado todavía. La verdad me costaba gastar aquel dinero. Metí el macuto en lo más espeso del parque y lo termine cubriendo con una red mimética y hojas caídas. Luego Estuve en la catedral y por las murallas, donde escenificaban una invasión vikinga. La catedral de York aunque parezca pequeña a simple vista se trata de un edificio de grandes dimensiones y es muy bonita, no soy un gran entendido en arte pero creo que es un ejemplo clarísimo del gótico ingles. Las catedrales son lugares frescos, apacibles al culto o la meditación y en lo que ninguno esta exento es de misterio, del negocio vaticano o no vaticano, como es el caso de nuestros hermanos ingleses que viven el cristianismo desde su propia iglesia anglicana. La verdad es que allí dentro se respira la majestad de una gran obra y uno se siente bien. Me gusto su acceso libre y que hubiera unas mesas con ruedas que en realidad eran unos grandes espejos móviles para contemplar sin esfuerzo todo el complicadísimo trabajo de sus techos. Sus vidrieras que siendo espectaculares, grandes y ojivales, no logran impresionar tanto al ojo como lo hacen aquellas vidrieras de una de las primigenias góticas europeas, es decir como lo hace a nuestro nervio óptico y este logra emocionar ¿El alma? ¿El espíritu? La de nuestra señora de Santa María de Regla de León. |
| Continuará... |
| On the way scarborough (II) Aquella mañana Salí de la casa de aquella chica pelirroja de aspecto descuidado que fumaba como un carretero, claro que por aquel entonces también yo hacia lo propio. La mujer vivía sola en una bonita casa de dos plantas, muy a la inglesa, con su pequeño jardín a la entrada y un precioso patio trasero. Su marido no hacia mucho tiempo que se había largado por el aspecto en que aún estaba la casa. Habían hecho repartición de bienes arrancando el papel de las paredes y hecho jirones algunas butacas que aparecían acribilladas haciendo visible el menospreciado sucio y viejo tapizado que había debajo, sin embargo yacía intacta una bonita librería de nácar laminada que pasaba casi desapercibida en el recibidor, dando a todo un aspecto anterior mucho más civilizado. Las mugrosas y desvencijadas escaleras de madera que conducían a la parte superior eran bastante inclinadas, donde el aroma de dos mocosos volaba escalera abajo, hasta el salón donde sobrevivía una gran estufa metálica oxidada, que durante la noche templaba el aire en aquel marzo apto solo para oír historias. Historias de las que yo no entendía ni jota. Había llegado a York desde la estación Londinense de Victoria en el primer autobús que salía en aquel momento y me podía alcanzar el dinero, porque unos días antes un tal Max Iskander propietario de una pensión de mala muerte GARRICK HOUSE HOTEL me estafo casi todo lo que llevaba encima; cerca de paddigton. Porque una graciosa muchacha morena simpática, mediana y de ojos espabilados me ayudó sacar en las maquinas expendedoras del aeropuerto mi billete a London, después de que los agentes del aeropuerto registraran mi mochila sacando un cuchillo de comando a relucir y algunas cosas de supervivencia del ejercito español, linterna, redes miméticas, saco de dormir, y comida. Los agentes me preguntaron que donde iba y les dije que de acampada y me dejaron pasar. Quizás aquel día tuvieran mucho trabajo o que el mundo en aquel entonces fuera cándido y bueno, creo que hoy seria impensable sin que saltaran alarmas. Recogí todo y me fui detrás de la fila de personas que se movía. No se donde, yo seguía aquella corriente. Luego en el tren la muchacha inteligente me aconsejo que fuera a Paddigton, y por eso me dirigí aquel lugar, porque ella dijo que allí había mucha oferta para empezar y económica. Así que después del altercado de la primera pensión, con aquel tipo feo y pretencioso y al que la policía le diera la razón y de hecho la ley inglesa era explicita en ese sentido. No podía alegar más que la estafa solo era causa de mi ignorancia, porque estaba en un sitio en el que todo es igual de sencillo que en cualquier otra parte, solo que al revés y en esos momentos yo no entendía prácticamente nada. La verdad es que se aprende bastante rápido, más incluso de lo que yo creyera. Porque por ejemplo ¿Cómo se puede descolgar un teléfono y llamar a la policía indicando la dirección exacta pidiendo ayuda en un idioma que no entiendes? Solo se que en pocos minutos un coche patrulla estaba allí a la puerta, y dos impolutos agentes bajaban del auto pensando que se yo… En un secuestro, agresión, en un crimen, ¿Qué crimen? No lo se… Yo solo quería que me devolvieran parte del dinero que no iba a consumir e irme de aquella pocilga de pensión, porque había adelantado una cantidad, como parece que era costumbre en el Reino Unido, pero no quería permanecer todo el tiempo en semejante lugar, porque aparte de malo era caro; Ese cuchitril de habitación era una verdadera estafa, donde la roña enmoquetada de las habitaciones, se mezclaba al olor de tubería rota de su W.C. compartido, con la electricidad que flotaba encima de cada puerta en peligrosas resistencias, que se accionan con un tirador, iluminando una vieja cama de muelles a la que los gitanos hubieran vendido sus cabeceros sin ningún valor a precio de oro y un jergón blando y espeso como la joroba de un dromedario con kilos de grasa y al fondo de los cuatro metros cuadrados, una mohosa cafetera que preside encima del único estante, por si alguien se aventura a hacerse una tisana. Quería irme de allí al instante. Cuando los agentes subieron la empinada y mal oliente escalera, se toparon de bruces con el que dirigía aquel tugurio, un hombre de mediana estatura, moreno, con gafas y un bigote ancho y espeso, que se pasaba el día hablando en voz alta, como si conversara con alguien a larga distancia, poniendo el cuidado de pronunciar cada palabra con suma claridad, un vozarrón difícil de olvidar. De tal guisa que al toparse con el, se había puesto una gasa en forma de parche en un ojo, y todos creyeron que era obra mía, y así discutieron todos un rato tratando de aclarar la situación y luego uno de uniforme me dijo que necesitaba un interprete para explicarme la situación, y me llevo a su comisaría cercana, donde un chaval joven saco un diccionario y se puso a practicar su español. Me dijo que el tipejo del hospedaje no había cometido ningún delito, porque no había utilizado ninguna fuerza, que el dinero se lo había dado yo voluntariamente, y que si quería podía volver a terminar de gastar los días que me restaban. Yo hice un gesto con la cabeza y termine en hyde park, donde permanecí acampado hasta el viernes de esa semana por la noche. Aquella noche después de saltar la verja del parque, donde había visto un letrero que decía algo sobre que había un perro suelto y podía ser peligroso, y que yo no creía, porque pensaba que era algo exagerado, pues llevaba allí varios días y no me había encontrado más que con personas que salían a pasear con sus chuchos o aquellos que llevaban consigo autenticas jaurías de todas las razas, también jinetes y amazonas. El caso es que ya andando dentro del parque cerca unos enormes robles, por donde corretean obesas ardillas grises, a las que las gentes da de comer todos los días, apareció una figura que se recortaba entre los desnudos árboles, que con una linterna en la mano comenzó alumbrar en mi dirección; Dijo algo pero yo no lo entendí, mientras en la otra mano sujetaba con fuerza una correa de la que tiraba nerviosa, y atentamente su fiel e inteligente compañero; Un hermoso pastor alemán de pura raza, que al verme se puso tan contento como yo mismo, que comencé a comprender lo que decía el cartel de la entrada. Hola buenas noches, me pareció oír a las figuras que venianse acercando, hasta que el enorme escudo plateado de su sombrero relució frente a mi; Era un bobby ingles el que dijo directamente ¿Spanish no? Que inteligente pensé… ¡Yes! Conteste. Entonces me pidió que le acompañara. Al parecer los parques se cierran todas las tardes quedando prohibido el paso. Le pedí que me permitiera recoger mis cosas ocultas en unos arbustos cercanos, donde todas las mañanas los pequeños petirrojos me visitaban para dar sus buenos días. Luego le seguí hasta una esquina del parque, por donde había una tapia y me expulso de aquel jardín, que resulto no ser el edén, si no más bien una enorme montaña de boñigas de vaca. Salte abajo a la calle donde había una fiesta en un bar español, pero yo no tenia ninguna gana de fiesta, ni de compatriotas a altas horas a los que había visto días atrás, después de utilizar a diario los servicios públicos del parque para el aseo personal, reunirse en hyde park córner buscando cambiar de trabajo del McDonald a Pizza hut, yo tan solo buscaba un sitio donde estar tranquilo, así que deambule de un lado a otro, por calles pobremente iluminadas y vi a muchas personas que vivían en la calle, buscando refugio en pasajes y túneles, donde resonaba la tos grave de alguien que encogido en su saco encima de cartones, trataba de dar esquinazo a la noche en el frió y húmedo suelo. Por la mañana ya estaba en Victoria Coach station desde hacia mucho rato esperando a que abriesen alguna ventanilla, y cuando abrieron compre un billete que iba a York que era el lugar más lejano hasta donde me alcanzaba el poco dinero que me quedaba unas 25 Libras. Continuará... |
| Película: Blancanieves. Dirección: Pablo Berger. Países: España y Francia.Año: 2012. Duración: 90 min. Género: Drama. Interpretación: Maribel Verdú(Encarna, la madrastra), Daniel Giménez Cacho (Antonio, el padre), Pere Ponce (Genaro, el chófer), Ángela Molina (doña Concha), José María Pou(don Carlos), Inma Cuesta (Carmen de Triana), Macarena García (Carmen / Blancanieves), Sofía Oria (Carmencita), Ramón Barea (don Martín). Guion: Pablo Berger; inspirado en el cuento de los hermanos Grimm. Producción: Pablo Berger, Ibon Cormenzana y Jérôme Vidal. Música: Alfonso de Vilallonga. Fotografía en B/N:Kiko de la Rica. Montaje: Fernando Franco. Diseño de producción: Alain Bainée.Vestuario: Paco Delgado. Distribuidora: Wanda Visión. Estreno en España: 28 Septiembre 2012. Calificación por edades: Apta para todos los públicos. |
| SINOPSIS:
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| COMENTARIO:
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